miércoles, 27 de noviembre de 2013

Síntesis de la Exhortación Apostólica Evangelii Gaudium

La exhortación apostólica Evangelii Gaudium comienza con una introducción en la que: Aborda los problemas y riesgos del mundo actual, donde triunfan el consumismo y el individualismo que aíslan las conciencias y no dejan espacio para los demás, convirtiéndolo en un lugar de injusta desigualdad. Establece las claves para arraigar y desarrollar el bien: comunicación de la experiencia de verdad y de belleza, la alegría de evangelizar, y el derecho de todos a recibir el anuncio del evangelio junto al deber de todo cristiano de realizar el anuncio sin excluir a nadie.

A la introducción le siguen cinco capítulos cuyo resumen facilitamos a continuación:

Capítulo I: La Transformación Misionera de la Iglesia
El Papa Francisco comienza hablando de la Iglesia en su punto de partida como la comunidad de discípulos que ‘primerean’ y toman la iniciativa de ser los primeros en salir al encuentro de los demás y lo hacen con el deseo inagotable de brindar misericordia y nos invita a todos a ser parte de este grupo, nos invita a ‘primerear’. Es deseo del pontífice que nos lancemos a transformarlo todo y afirma que prefiere ‘una Iglesia accidentada, herida y manchada por salir a la calle, antes que una Iglesia enferma por el encierro y la comodidad de aferrarse a las propias seguridades‘.

Capitulo II: En la crisis del compromiso comunitario
En este capítulo crítica duramente a la economía actual, porque excluye a los débiles y solo hace fuerte a los poderosos. Señala que existe una creciente deformación ética en nuestras sociedades y ‘asistimos al debilitamiento del sentido del pecado personal y social, así como un progresivo aumento del relativismo‘. También alerta que esta filosofía de vida, ‘de mundanidad espiritual’ y ’de idolatra el dinero’,  ’debilita los vínculos entre las personas’ y ‘desnaturaliza los vínculos familiares’.

“¡El dinero debe servir y no gobernar! El Papa ama a todos, ricos y pobres, pero tiene la obligación, en nombre de Cristo, de recordar que los ricos deben ayudar a los pobres, respetarlos, promocionarlos. Os exhorto a la solidaridad desinteresada y a una vuelta de la economía y las finanzas a una ética en favor del ser humano”

Al mismo tiempo recuerda que ‘nuestro dolor y nuestra vergüenza por los pecados de algunos miembros de la Iglesia, y por los propios, no deben hacer olvidar cuántos cristianos dan la vida por amor’  y hace un llamamiento al ‘dinamismo misionero que lleve sal y luz al mundo‘, sin temor a realizar tareas apostólicas y a la entrega generosa del tiempo personal.

Por último, el Papa Francisco, apunta en este capítulo, una vez más, su deseo de que la Iglesia haga frente y sin miedo a profundas preguntas que no se pueden eludir superficialmente, como por ejemplo: ‘el lugar de la mujer allí donde se toman decisiones importantes, en los diversos ámbitos de la Iglesia‘; mayor protagonismo de los jóvenes en la pastoral de conjunto de la Iglesia, mejor selección de los candidatos al sacerdocio…

Capítulo III: El anuncio del Evangelio
Francisco continúa su exhortación hablando de quienes deben anunciar el evangelio y de qué forma y manera. En este capítulo subraya que la Iglesia es el pueblo de Dios y debe ser, conforme al proyecto de amor de nuestro Padre Dios, ‘el lugar de la misericordia gratuita, donde todo el mundo pueda sentirse acogido, amado, perdonado y alentado a vivir según la vida buena del Evangelio’. A través del Bautismo nos convertimos en pueblo de Dios y nos convertimos en discípulos misioneros, en ‘agentes evangelizadores‘. Así que la evangelización es tarea de todos los que somos Iglesia, ‘un pueblo con muchos rostros‘.

“Cada uno de los bautizados, cualquiera que sea su función en la Iglesia y el grado de ilustración de su fe, es un agente evangelizador, y sería inadecuado pensar en un esquema de evangelización llevado adelante por actores calificados donde el resto del pueblo fiel sea sólo receptivo de sus acciones. La nueva evangelización debe implicar un nuevo protagonismo de cada uno de los bautizados [...] no es indispensable imponer una determinada forma cultural, por más bella y antigua que sea, junto con la propuesta del Evangelio. El mensaje que anunciamos siempre tiene algún ropaje cultural, pero a veces en la Iglesia caemos en la vanidosa sacralización de la propia cultura, con lo cual podemos mostrar más fanatismo que auténtico fervor evangelizador”

El Obispo de Roma también habla de la fuerza evangelizadora de la piedad popular que no debemos menospreciar sino más bien alentar y fortalecer, y hace un llamamiento a la evangelización informada ‘de persona a persona’, la que cada uno de los bautizados debemos realizar llevando el amor de Jesús a otros de forma espontánea en nuestras conversaciones y acciones diarias.

Respecto a la homilía (acto de predicación del sacerdote durante la liturgia) explica que no puede ser un espectáculo entretenido sino dar fervor y sentido a la celebración, pide brevedad, así como evitar que parezca una charla o clase, y debe transmitirse el mensaje con el espíritu de amor de una madre hacia un hijo. El Papa desarrolla las claves para una buena homilía: preparar bien el mensaje, alimentarse de la palabra de Dios, personalizar la palabra, macerarla en lectura espiritual, poner un oído en el pueblo de Dios y cuidar los recursos pedagógicos

Al anunciar el evangelio a los demás, el Santo Padre destaca la importancia de utilizar siempre un lenguaje positivo que indique cómo podemos hacer mejor las cosas y, en cualquier caso, ‘no quedarse en la queja, el lamento, la crítica o el remordimiento‘. E invita a recuperar el primer anuncio o ‘kerigma‘: ‘Jesucristo te ama, dio su vida para salvarte, y ahora está vivo a tu lado cada día, para iluminarte, para fortalecerte, para liberarte’.

Finaliza este capítulo central insistiendo en que la evangelización necesita del acompañamiento personal en los procesos de crecimiento,  escuchando, prestando una mirada respetuosa y llena de compasión, con paciencia y prudencia, despertando la confianza de quien es evangelizado, su apertura y su disposición para crecer.

Capítulo IV: La Dimensión Social de la Evangelización
La fe auténtica, dice el Papa Francisco, “siempre implica un profundo deseo de cambiar el mundo, de transmitir valores, de dejar algo mejor detrás de nuestro paso por la tierra y por tanto nadie puede exigirnos que releguemos la religión a la intimidad.

En este capítulo, el Papa, señala la inequidad, la falta de justicia social, como la raíz de los males sociales y reza para que crezca en el mundo el número de políticos ‘a quienes les duela de verdad la sociedad, el pueblo, la vida de los pobres!‘ y que sean capaces de “entrar en un auténtico diálogo que se oriente eficazmente a sanar las raíces profundas y no la apariencia de los males de nuestro mundo”

“La necesidad de resolver las causas estructurales de la pobreza no puede esperar, no solo por una exigencia pragmática de obtener resultados y de ordenar la sociedad, sino para sanarla de una enfermedad que la vuelve frágil e indigna y que solo podrá llevarla a nuevas crisis”

Respecto al progreso de las ciencias expresa que la Iglesia no solo no pretende detener su admirable sino que se alegra e incluso disfruta reconociendo el enorme potencial que Dios ha dado a la mente humana. Explica que, así como ‘los creyentes tampoco pueden pretender que una opinión científica que les agrada, y que ni siquiera ha sido suficientemente comprobada, adquiera el peso de un dogma de fe’ es una pena que algunos científicos vayan más allá del objeto formal de su disciplina y se extralimiten con afirmaciones o conclusiones que exceden el campo de la propia ciencia, haciendo proposiciones que no responden a la razón sino a una ideología “que cierra el camino a un diálogo auténtico, pacífico y fructífero”

Termina el capítulo sosteniendo que ‘el debido respeto a las minorías de agnósticos o no creyentes no debe imponerse de un modo arbitrario que silencie las convicciones de mayorías creyentes o ignore la riqueza de las tradiciones religiosas. Eso a la larga fomentaría más el resentimiento que la tolerancia y la paz’

Capítulo V: Evangelizadores con espíritu
La evangelización con espíritu, escribe el Papa Francisco, es la que arde en los corazones y “es muy diferente de un conjunto de tareas vividas como una obligación pesada que simplemente se tolera, o se sobrelleva como algo que contradice las propias inclinaciones y deseos”. Es el fuego del Espíritu Santo el que contagia con fervor, alegría, generosidad, audacia y amor.

“Hay que reconocerse a sí mismo como marcado a fuego por esa misión de iluminar, bendecir, vivificar, levantar, sanar, liberar. Allí aparece la enfermera de alma, el docente de alma, el político de alma, esos que han decidido a fondo ser con los demás y para los demás. Pero si uno separa la tarea por una parte y la propia privacidad por otra, todo se vuelve gris y estará permanentemente buscando reconocimientos o defendiendo sus propias necesidades”

El Papa incide en que “la misión” es el corazón del pueblo cristiano, iluminado por el Espíritu Santo, y “con el Espíritu Santo, en medio del pueblo siempre está María” porque “ella es la Madre de la Iglesia evangelizadora y sin ella no terminamos de comprender el espíritu de la nueva evangelización”

“Hay un estilo mariano en la actividad evangelizadora de la Iglesia. Porque cada vez que miramos a María volvemos a creer en lo revolucionario de la ternura y del cariño. En ella vemos que la humildad y la ternura no son virtudes de los débiles sino de los fuertes, que no necesitan maltratar a otros para sentirse importantes”

Winston Churchill

A lo largo de su brillante carrera, sir Winston Leonard Spencer Churchill fue sucesivamente el hombre más popular y el más criticado de Inglaterra, y a veces ambas cosas al mismo tiempo. Considerado el último de los grandes estadistas, siempre será recordado por su rara habilidad para predecir los acontecimientos futuros, lo que en ocasiones se convirtió en una pesada carga para sus compatriotas.

Durante años, Churchill fue algo así como la voz de la conciencia de su país, una voz que sacudía los espíritus y les insuflaba grandes dosis de energía y valor. Su genio polifacético, además de llevarlo a conquistar la inmortalidad en el mundo de la política, lo hizo destacar como historiador, biógrafo, orador, corresponsal de guerra y bebedor de coñac, y en un plano más modesto como pintor, albañil, novelista, aviador, jugador de polo, soldado y propietario de caballerías.

Churchill fracasó dos veces consecutivas en los exámenes de ingreso en la Academia Militar de Sandhurst. Sin embargo, una vez entró en la institución se operó en él un cambio radical. Su proverbial testarudez, su resolución y su espíritu indomable no lo abandonaron, pero la costumbre de disentir caprichosamente de todo comenzó a desaparecer. Trabajaba con empeño, era aplicado y serio en las clases y muy pronto se destacó entre los alumnos de su nivel.

No obstante, la vida militar no tardó en cansarlo. Renunció a ella para dedicarse a la política y se afilió al Partido Conservador en 1898, presentándose a las elecciones un año después. Al no obtener el acta de diputado por escaso margen, Churchill se trasladó a África del Sur como corresponsal del Morning Post en la guerra de los bóers.

Allí fue hecho prisionero y trasladado a Pretoria, pero consiguió escapar y regresó a Londres convertido en un héroe popular: por primera vez, su nombre saltó a las portadas de los periódicos, pues había recorrido en su huida más de cuatrocientos kilómetros, afrontando un sinfín de peligros con extraordinaria sangre fría. No es de extrañar, pues, que consiguiese un escaño en las elecciones celebradas con el cambio de siglo y que, recién cumplidos los veintiséis años, pudiese iniciar una fulgurante carrera política.

Tras ser designado subsecretario de Colonias y ministro de Comercio en un gobierno liberal, Churchill previó con extraordinaria exactitud los acontecimientos que desencadenaron la Primera Guerra Mundial y el curso que siguió la contienda en su primera etapa. Sus profecías, consideradas disparatadas por los militares, se convirtieron en realidad y sorprendieron a todos por la clarividencia con que habían sido formuladas.

Churchill fue nombrado lord del Almirantazgo y se embarcó inmediatamente en una profunda reorganización del ejército de su país. Primero se propuso hacer de la armada británica la primera del mundo, cambiando el carbón por petróleo como combustible de la flota y ordenando la instalación en todas las unidades de cañones de gran calibre. Luego puso en marcha la creación de un arma aérea y, por último, decidido a contrarrestar el temible poderío alemán, impulsó la construcción de los primeros "acorazados terrestres", consiguiendo que el tanque sea ser considerado imprescindible como instrumento bélico.

Era una época de decadencia económica, inquietud, descontento laboral y aparatosas huelgas, y el conservadurismo obstinado de que hacía gala no contentó ni siquiera a sus propios colegas. En una palabra, todo el mundo estaba cansado de él y su popularidad descendió a cotas inimaginables años antes. Entre 1929 y 1939, Churchill se apartó voluntariamente de la política y se dedicó principalmente a escribir y a cultivar su afición por la pintura bajo el seudónimo de Charles Morin. "Si este hombre fuese pintor de oficio dijo en una ocasión Picasso, podría ganarse muy bien la vida."

Tras la firma en 1938 del Acuerdo de Munich, en el que Gran Bretaña y Francia cedieron ante el poderío alemán, la gente se dio cuenta nuevamente de que Churchill había tenido razón desde el principio. Hubo una docena de ocasiones en las que hubiera sido posible detener a Hitler sin derramamiento de sangre, según afirmarían después los expertos. En cada una de ellas, Churchill abogó ardorosamente por la acción. El 1 de septiembre de 1939, el ejército nazi entró con centelleante precisión en Polonia; dos días después, Francia e Inglaterra declararon la guerra a Alemania y, por la noche, Churchill fue llamado a desempeñar su antiguo cargo en el Almirantazgo. Todas las unidades de la flota recibieron por radio el mismo mensaje: "Winston ha vuelto con nosotros."

Los mismos diputados que una semana antes lo combatían con saña, lo aclamaron puestos en pie cuando hizo su entrada en el Parlamento. Pero aquella era una hora amarga para la historia del Reino. La nación estaba mal preparada para la guerra, tanto material como psicológicamente. Por eso, cuando fue nombrado primer ministro el 10 de mayo de 1940, Churchill pronunció una conmovedora arenga en la que afirmó no poder ofrecer más que "sangre, sudor y lágrimas" a sus conciudadanos.

El pueblo británico aceptó el reto y convirtió tan terrible frase en un verdadero lema popular durante seis años; su contribución a la victoria iba a ser decisiva. Churchill consiguió mantener la moral en el interior y en el exterior mediante sus discursos, ejerciendo una influencia casi hipnótica en todos los británicos.

Formó un gobierno de concentración nacional, que le aseguró la colaboración de sus adversarios políticos, y creó el ministerio de Defensa para una mejor dirección del esfuerzo bélico. Cuando la Unión Soviética firmó un pacto de no agresión con Alemania, y mientras los Estados Unidos seguían proclamando su inamovible neutralidad, Churchill convocó una reunión de su gabinete y con excelente humor dijo: "Bien, señores, estamos solos. Por mi parte, encuentro la situación en extremo estimulante"

Por supuesto, Churchill hizo todo lo posible para que ambas potencias entrasen en la guerra, lo que consiguió en breve tiempo. Durante interminables jornadas, dirigió las operaciones trabajando entre dieciséis y dieciocho horas diarias, transmitiendo a todos su vigor y contagiándoles su energía y optimismo.

Por fin, el día de la victoria aliada, se dirigió de nuevo al Parlamento y al entrar fue objeto de la más tumultuosa ovación que registra la historia de la asamblea. Los diputados olvidaron todas las formalidades rituales y se subieron a los escaños, gritando y sacudiendo periódicos. Churchill permaneció en pie a la cabecera del banco ministerial, mientras las lágrimas rodaban por sus mejillas y sus manos se aferraban temblorosas a su sombrero.

A pesar de la enorme popularidad alcanzada durante la guerra, dos meses después el voto de los ingleses lo depuso de su cargo. Churchill continuó en el Parlamento y se erigió en jefe de la oposición. En un discurso pronunciado en marzo de 1946 popularizó el término "telón de acero" y algunos meses después hizo un llamamiento para impulsar la creación de los Estados Unidos de Europa.

Tras el triunfo de los conservadores en 1951 volvió a ser primer ministro, y dos años después fue galardonado con el Premio Nobel de Literatura por sus Memorias sobre la Segunda Guerra Mundial. Alegando razones de edad, presentó la dimisión en abril de 1955, después de ser nombrado Caballero de la Jarretera por la reina Isabel II y de rechazar un título nobiliario a fin de permanecer como diputado en la Cámara de los Comunes.

Reelegido en 1959, ya no se presentó a las elecciones de 1964. No obstante, su figura siguió pesando sobre la vida política y sus consejos continuaron orientando a quienes rigieron después de él los destinos del Reino Unido. El pueblo había visto en Churchill la personificación de lo más noble de su historia y de las más hermosas cualidades de su raza, por eso no cesó de aclamarlo como su héroe hasta su muerte, acaecida el 24 de enero de 1965.

El Reino de Dios en el Antiguo Testamento

1. La revelación del designio eterno de Dios sobre la comunidad universal de los hombres, llamados a ser en Cristo sus hijos adoptivos, tiene ya su preludio en el Antiguo Testamento, primera fase de la palabra divina a los hombres y primera parte, para nosotros los cristianos, de la Sagrada Escritura. De aquí que la catequesis sobre la génesis histórica de la Iglesia deba buscar ante todo en los libros sagrados, que tenemos en común con el antiguo Israel, los anuncios del futuro pueblo de Dios. El mismo Concilio Vaticano II nos indica esta pista que hay que seguir, cuando escribe que la santa Iglesia, en la que el Padre decidió congregar a los creyentes en Cristo, fue "preparada admirablemente en la historia del pueblo de Israel y en la Antigua Alianza". Por tanto, veremos en esta catequesis que en el Antiguo Testamento el designio eterno del Padre se da a conocer principalmente como revelación de un "reino de Dios" futuro, que tendrá lugar en la fase mesiánica y escatológica de la economía de la salvación.

2. “Pero Gedeón les respondió: "Ni yo los gobernaré ni tampoco mi hijo; sólo el Señor los gobernará”, leemos en el libro de los Jueces (8, 23). Son las palabras que Gedeón, victorioso contra los madianitas, dirigió a una parte de los habitantes israelitas de la región de Siquem, que querían que fuera su soberano e incluso el fundador de una dinastía (Cfr. Jue 8, 22). Quizá se pueda relacionar esa respuesta de Gedeón, que rechaza la realeza, con las corrientes antimonárquicas de otro sector del pueblo (1 Sm 8, 42); pero es siempre muy elocuente como expresión de su pensamiento y el de una buena parte de Israel sobre la realeza de Dios solo: "Ni yo los gobernaré ni tampoco mi hijo; sólo el Señor los gobernará”, (Jue 8, 23).

Esta doble tendencia se encontrará también posteriormente en la historia de Israel, en la que no faltan los grupos que añoran un reino en sentido terreno y político. Después del intento de los hijos de Gedeón (cf. Jue 9,1 ss.), sabemos por el primer libro de Samuel que los ancianos de Israel se dirigieron al juez ya anciano con esta petición: A Samuel le disgustó que le dijeran: "Danos un rey para que nos gobierne", y oró al Señor. (8, 6). Samuel había establecido a sus hijos como jueces, pero ellos abusaban del poder recibido (Cfr. 1 Sm 8,1.3).

Pero Samuel se entristeció fundamentalmente porque veía en esa petición otro intento de quitar a Dios la exclusividad de la realeza sobre Israel. Por eso se dirigió a Dios para consultarle en la oración. Y, según el libro citado, “El Señor dijo a Samuel: "Escucha al pueblo en todo lo que ellos digan, porque no es a ti a quien rechazan: me rechazan a mí, para que no reine más sobre ellos”. (1 Sm 8, 7). Probablemente se trataba de un nuevo encontronazo entre las dos tendencias monárquica y antimonárquica. De aquel periodo de formación de Israel como pueblo unido y constituido también políticamente. De todas formas, es interesante el esfuerzo parcialmente exitoso que hace Samuel, no ya como juez sino como profeta, para conciliar la petición de una monarquía profana con las exigencias de la realeza absoluta de Dios, de quien un sector del pueblo, por lo menos, ya se había olvidado; unge a los reyes dados a Israel como signo de su función religiosa, además de política.

Será David el rey emblemático de esta conciliación de aspectos y funciones; es más, por su gran personalidad se convertirá en el Ungido por excelencia, figura del futuro Mesías y del Rey del nuevo pueblo, Jesucristo.

3. Con todo, hay que notar esta confluencia entre las dos dimensiones del reino y del reinar: la dimensión temporal y política, y la dimensión trascendente y religiosa, que ya se encuentra en el Antiguo Testamento. El Dios de Israel es Rey en sentido religioso, incluso cuando los que gobiernan al pueblo en su nombre son jefes políticos.

El pensamiento de Dios como Rey y Señor de todo, en cuanto Creador, se hace patente en los libros sagrados, tanto en los históricos como en los proféticos y en los salmos. Así, el profeta Jeremías llama a Dios muchas veces "Rey, cuyo nombre es Dios de los ejércitos" (Jer 46, 18; 48, 15; 51, 57); y numerosos salmos proclaman que "el Señor reina" (Sal 93, 1; 96, 10; 97, 1; 99, 1). Esta realeza trascendente y universal había tenido su primera expresión en la Alianza con Israel: verdadero acto constitutivo de la identidad propia y original de este pueblo que Dios eligió y con el que instauró una alianza. Como se lee en el libro del Éxodo: “Ahora, si escuchan mi voz y observan mi alianza, serán mi propiedad exclusiva entre todos los pueblos, porque toda la tierra me pertenece. Ustedes serán para mí un reino de sacerdotes y una nación que me está consagrada". Estas son las palabras que transmitirás a los israelitas”. (Ex 19, 5.6).

Esta pertenencia de Israel a Dios, como pueblo suyo, exige su obediencia y amor en sentido absoluto: “Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma y con todas tus fuerzas”. (Dt 6, 5). Este primer y supremo mandamiento representa el verdadero principio constitucional de la Antigua Alianza Con este mandamiento se define el destino y la vocación de Israel.

4. Israel tiene conciencia de ello y vive su relación con Dios como una forma de sometimiento a su Rey. Como se lee en el salmo 48: "El monte Sión es la ciudad del gran Rey" (48, 3). Aun cuando el Señor acepta la institución en Israel del rey y de su dinastía en sentido político, Israel sabe que tal institución conserva un carácter teocrático. El profeta Samuel, por inspiración divina, designa como rey primero a Saúl (Cfr. 1 Sm 10, 24) y después a David (Cfr. 1 Sm 16, 12.13), con quien comienza la dinastía davídica. Como se sabe por los libros del Antiguo Testamento, los reyes de Israel y luego los de Judá, transgredieron muchas veces los mandamientos, principios, base de la Alianza con Dios. Los profetas intervinieron contra estas prevaricaciones con sus admoniciones y reprimendas. De esa historia resulta evidente que, entre el reino en sentido terreno y político y las exigencias del reinar de Dios, existen divergencias y contrastes. Así, se explica el hecho de que aunque el Señor mantiene su fidelidad a las promesas hechas a David y a su descendencia (Cfr. 2 Sm 7, 12), la historia describe conspiraciones para poner resistencia "al reino del Señor que está en manos de los hijos de David" (2 Cro 13, 8). Es un contraste en el que se delinea cada vez mejor el sentido mesiánico de las promesas divinas.

5. En efecto, casi como una reacción contra la desilusión causada por los reyes políticos, se refuerza en Israel la esperanza de un rey mesiánico, como soberano ideal, de quien leemos en los que la paz no tendrá fin sobre el trono de David y sobre su reino, para restaurarlo y consolidarlo por la equidad y la justicia, desde ahora y siempre. Isaías se explaya en la profecía sobre este soberano al que atribuye los nombres de "Maravilla del Consejero" Dios Fuerte" "Siempre Padre" y "Príncipe de la Paz" (9, 5), y cuyo reino describe como una utopía del paraíso terrenal: "Justicia será el ceñidor de su cintura, verdad el cinturón de sus flancos. Serán vecinos el lobo y el cordero, y el leopardo se echará con el cabrito ( ). Nadie hará daño, nadie hará mal ( ) porque la tierra estará llena de conocimiento del Señor como cubren las aguas el mar" (11, 5. 6. 9). Son metáforas destinadas a poner de relieve el elemento esencial de las profecías sobre el reino mesiánico: una nueva alianza en la que Dios abrazará al hombre de modo benéfico y salvífico.

6. Después del periodo del exilio y de la esclavitud babilónica, la visión de un rey "mesiánico" asume aún más claramente el sentido de una realeza directa por parte de Dios. Como para superar todas las desilusiones que el pueblo recibió a causa de sus soberanos políticos, la esperanza de Israel, alimentada por los profetas, apunta hacia un reino en el que Dios mismo será el rey. Será un reino universal: "Y será el Señor rey sobre toda la tierra: ¡el día aquel será único el Señor y único su nombre!" (Za 14, 9). Aun en su universalidad, el reino conservará sus lazos con Jerusalén. Como predice Isaías: "el Señor de los ejércitos reina sobre el monte Sión y en Jerusalén" (Is 24, 23). "Hará el Señor de los ejércitos a todos los pueblos en este monte un convite de manjares frescos, convite de buenos vinos" (ib 25, 6). También aquí, como se puede apreciar, se trata de metáforas de una alegría nueva mediante la realización de esperanzas antiguas.

7. La dimensión escatológica del reino de Dios se acentúa a medida que se avecina el tiempo de la venida de Cristo. Especialmente el libro de Daniel, en las visiones que describe, destaca este sentido de los tiempos futuros. Leemos en él: "Yo seguía contemplando en las visiones de la noche: y he aquí que en las nubes del cielo venia como un Hijo del hombre. Se dirigió hacia el Anciano y fue llevado a su presencia. A él se le dio imperio, honor y reino, y todos los pueblos, naciones y lenguas le sirvieron. Su imperio es un imperio eterno, que nunca pasará, y su reino no será destruido jamás" (Dan 7,13.14). Por consiguiente, a juicio de Daniel este reino futuro está íntimamente ligado a una Persona, a la que se describe como semejante a un "Hijo de hombre"; es el origen del titulo que Jesús se atribuirá a sí mismo. Al mismo tiempo, Daniel escribe que el "reino y el imperio y la grandeza de los reinos bajo los cielos todos serán dados al pueblo de los santos del Altísimo" (7, 27). Este texto nos trae a la memoria otro del libro de la Sabiduría, según el cual "dos justos juzgarán a las naciones y dominarán a los pueblos y sobre ellos el Señor reinará eternamente" (Sab 3,1. 8).

8. Todas éstas son miradas al futuro, pasos abiertos en el misterio hacia el que está avanzando la historia de la Antigua Alianza, que ya parece estar madura para la venida del Mesías, quien la llevará a su cumplimiento. Más allá de los enigmas, los sueños y las visiones, se perfila cada vez más un "misterio" hacia el que apunta toda esperanza, también en las horas más oscuras de la derrota e incluso de la esclavitud y del exilio.

El hecho que mayor interés y admiración suscita en estos textos es que la esperanza del reino de Dios se ilumina y purifica cada vez más hacia un reinar directo por parte del Dios trascendente. Sabemos que este reino, que incluye a la persona del Mesías y a la multitud de los creyentes en él, anunciado por los profetas, tuvo en la tierra una realización inicial imperfecta en sus dimensiones históricas, pero sigue estando en tensión hacia un cumplimiento pleno y definitivo en la eternidad divina. Hacia esta plenitud final se mueve la Iglesia de la Nueva Alianza, y todos los hombres están llamados a formar parte de ella como hijos de Dios, herederos del reino y colaboradores de la Iglesia que Cristo fundó como realización de las profecías y las promesas antiguas. Los hombres, por tanto, están llamados a participar en este reino, destinado a ellos y que, en cierto modo, se realiza también por medio de ellos: también por medio de todos nosotros, llamados a ser artífices de la edificación del Cuerpo de Cristo (Cfr. Ef 4, 12). ¡Es una misión importante!

miércoles, 20 de noviembre de 2013

El asesinato de John F. Kennedy

Fue el trigésimo quinto Presidente de los Estados Unidos, y sus asesinato tuvo lugar el viernes 22 de noviembre de 1963, en Dallas, Texas, Estados Unidos a las 12:30 Tiempo Central Estándar (18:30 UTC). Kennedy fue mortalmente herido por disparos mientras circulaba en el coche presidencial en la Plaza Dealey. Fue el cuarto presidente de EE. UU., asesinado (con Abraham Lincoln, James Abram Garfield y William McKinley) y el octavo que murió en ejercicio de sus funciones.

Kennedy se levantó temprano el día 22 de noviembre de 1963 y pronunció el que sería su último discurso en vida, luego abordó un Lincoln Continental blanco y se dirigió hasta la Base Aérea de Carswell para abordar el avión presidencial. A las 11.40 el Air Force One aterrizó en el aeropuerto Dallas Lovefield, después de un corto vuelo de 13 minutos que ha realizado desde Fort Worth. La comitiva presidencial abordó un Lincoln Continental X-100 (denominado en clave SS-100-X por el servicio secreto) y se puso en marcha hacia el centro de la ciudad de Dallas. Atrás lo seguía un coche con agentes en la pisadera, el coche con el vicepresidente Lyndon B. Johnson y sus asesores, y luego la prensa acreditada. Toda la comitiva fue escoltada por motociclistas de la policía de Dallas.

En el coche presidencial ocupaba el asiento del chofer, un agente-conductor y de acompañante, otro agente de seguridad; en los asientos contiguos abatibles, el gobernador Connally (a la derecha) y su esposa; en los asientos traseros, Kennedy a la derecha y su esposa. El automóvil iba sin la capota transparente y sin agentes asidos a las manillas y pisaderas del cofre. Durante el trayecto la comitiva tuvo que realizar varias paradas para que el presidente salude a la gente. A las 12.30 entró en la Plaza Dealey y avanzó por la calle Houston, en ese momento llevaba 6 minutos de retraso. En la esquina de Houston Street con Elm Street la comitiva debió realizar un giro de 120º a la izquierda, lo que obligó a la reducción de la velocidad de la limusina.

Tras pasar Elm Street quedó frente al edificio del Almacén de Libros Escolares de Texas, a una distancia de 20 metros nada más. Al pasar el almacén a las 12:30 horas se hizo el primer disparo de tres que supuestamente haría Lee Harvey Oswald. Se calcula que en ese momento la comitiva iba a una velocidad de 15 km/h. La Comisión Warren concluyó posteriormente que el primero de los tres disparos no impactó en el coche si no en la acera. Casi todos están de acuerdo que Kennedy recibió dos disparos y que el último disparo le impactó en la cabeza y fue mortal.

El primer disparo fue desviado por un árbol y rebotó en el cemento llegando a herir levemente al testigo James Tague. Mucha gente asoció el ruido del primer disparo a un petardo encendido. Los agentes de seguridad que venían trás el coche presidencial giraron sus cabezas en dirección del disparo. Luego de 3,5 segundos se produjo el segundo disparo que impactó a Kennedy por detrás en su espalda y salió por su garganta, Kennedy se llevó ambas manos a su garganta levantando sus codos a la altura de sus hombros mientras su esposa lo observaba atónita. Mientras que el gobernador Connally giraba hacía su derecha para mirar hacía atrás, fue herido de gravedad.

Pasado el segundo disparo, el presidente aún con ambas manos en su garganta dejó de saludar al público girando hacía la izquierda y su esposa tiró de él para recostarlo sobre el asiento acercándose, en el acto de recostarse y con la cabeza de su esposa al lado de la suya. Sobrevino el fatal tercer disparo y ocurrió 8,4 segundos después del primer disparo, justo cuando el coche pasó frente a la pérgola de hormigón. Éste impactó en forma muy visible y de lleno en el hueso Occipital derecho de la cabeza de Kennedy. Jackie Kennedy soltó súbitamente a su esposo quien se recostó hacía el lado izquierdo. Mientras ésta se abalanzaba a horcajadas a la parte trasera del auto, donde recogió una sección del cráneo del presidente, un agente trepó por las manillas de la cajuela cubriendo con su cuerpo la retaguardia. La esposa del gobernador se lanzó al piso soltando unas flores, el coche presidencial aceleró y los motociclistas de la policía encendieron sus sirenas mientras se desataba la conmoción pública en la plaza Dealey.

El coche presidencial no se detuvo y se dirigió al cercano hospital Parkland. Una vez llegado al hospital los agentes cercaron el acceso. Según algunos médicos Kennedy ingresó fallecido al hospital, otras fuentes indican que agonizaba. Mientras se intentaba salvar a Kennedy, Lyndon B. Johnson ordenó al Servicio Secreto limpiar el coche presidencial.

Después del aterrizaje del avión presidencial (Air Force One) en la Base Aérea de Andrews, a las afueras de Washington DC, el cuerpo de Kennedy fue trasladado al Hospital Naval de Bethesda para su autopsia. Fue realizada por tres médicos de la Armada con treinta oficiales militares como testigos. Dos agentes retirados del FBI que estaban presentes declararon que Kennedy tenía una gran herida en el lado derecho de la cabeza, otra herida de aproximadamente 14 cm debajo del cuello de su chaqueta por encima del lado derecho de la columna, y una tercera herida en la cara anterior de su garganta en el borde inferior de la nuez de Adán

Después de la autopsia en el Hospital Naval de Bethesda, el cuerpo de Kennedy fue preparado para el entierro y trasladado a la Casa Blanca y expuesto en la Sala Este durante 24 horas. El domingo siguiente al asesinato, cubierto con la bandera de EE.UU. fue trasladado al Capitolio para una vista pública. En todo el día y noche, cientos de miles de personas visitaron el féretro.

Representantes de 90 países, incluyendo la Unión Soviética, asistieron al funeral el 25 de noviembre (tercer cumpleaños de su hijo JFK Jr.). Después del funeral, realizado en la Catedral de St. Matthew, fue trasladado en carro de caballos al Cementerio de Arlington donde fue enterrado. El funeral fue oficiado por el arzobispo de Boston, el cardenal Richard Cushing, amigo personal de Kennedy, había casado a John y Jacqueline Kennedy, bautizó a sus dos hijos y oficiado el funeral de su hijo Patrick (fallecido quince semanas antes que su padre).

Lee Harvey Oswald fue detenido ochenta minutos después del asesinato del oficial de policía de Dallas J. D. Tippit. Fue acusado de la muerte de Tippit y de Kennedy a última hora de la tarde del día 22 de noviembre. Oswald negó siempre haber disparado contra el presidente. El caso de Oswald nunca fue juzgado porque dos días más tarde, mientras era trasladado y custodiado por la policía, Jack Ruby un gangster de Dallas le disparó y lo mató.

Después de la detención de Oswald y la recogida de pruebas físicas en la escena del crimen, a las 22.30 CST 22 de noviembre (04:30 UTC 23 de noviembre) se ordena al Jefe de la Policía de Dallas Jesse Curry por gente de Washington, según sus propias palabras, enviar todo el material al cuartel general del FBI, pero no a Oswald. Describió que había casquillos del mismo calibre en una ventana a más de 1,500 metros de distancia.

El FBI fue la primera autoridad en completar una investigación oficial. El 9 de diciembre de 1963, sólo 17 días después del asesinato, el informe del FBI fue entregado a la Comisión Warren. El informe estableció que sólo tres disparos fueron realizados; el primero impactó sobre el presidente Kennedy, el segundo en el gobernador Connally, y el tercero en la cabeza del presidente, matándolo. El FBI estableció que Lee Harvey Oswald hizo los tres disparos.

Eid al-Adha

Eid al Adha es la Celebración del Sacrificio, que conmemora el pasaje recogido tanto en la Biblia como el Corán, en el que se muestra la voluntad de Abraham (Ibrahim) de sacrificar a su hijo como un acto de obediencia a Dios, antes de que Dios interviniera para proporcionarle un cordero y que sacrificara a este animal en su lugar. En varios países de África musulmana tales como Mali, Níger, Senegal o Benin dan el nombre de Tabaski a esta fiesta, y en una parte de Amazighs en África del Norte, le nombran Tafaska. En muchos lugares de habla hispana es conocida como Fiesta del Cordero.

Esta festividad, que tiene lugar el décimo día del mes de Zil-Hajj, 70 días después del Eid al-Fitr, es incorporada en el Hajj, la gran peregrinación a la Meca, que debe ser hecha por lo menos una vez y preferiblemente durante este mes. El Eid al-Adha se representa por los musulmanes de todo el mundo con la ofrenda de un sacrificio animal (comúnmente una vaca o un cordero) como una acción de gratitud para Dios por salvar la vida de Ismael, hijo del profeta Abraham.

En este día, los musulmanes que están en La Meca concluyen los ritos de su peregrinación y, después de la oración especial, sacrifican -o más modernamente, pagan para que un matarife cualificado sacrifique en su lugar- generalmente un cordero. Sin embargo, la mayoría celebran la festividad en sus lugares de residencia, acudiendo a las mezquitas para la oración y luego, aquellos que pueden hacerlo, sacrifican y celebran una comida a la que se invitan mutuamente. Normalmente suele celebrarse al aire libre, en las afueras de las ciudades, en una zona abierta denominada musalla.

La carne del animal es separada en tercios, una para la persona que obsequia a la bestia, otra para repartir entre sus parientes y el último tercio para los necesitados, independientemente de su religión, raza o nacionalidad. El musulmán acude a la oración tras haber hecho la ablución mayor o gusl y haberse ataviado con su mejor ropa, limpia y perfumada. Recita unos versículos que sólo se cantan durante las dos fiestas anuales y en los enterramientos. Los musulmanes glorifican a Dios hasta que el imán inicia la oración recitando siete takbir (Allahu akbar) y haciendo dos prosternaciones (rakáa). Después, el imam pronuncia una jutba o sermón a los miembros de la comunidad que se hallan presentes. Por último, se disuelve la reunión y los asistentes se besan en señal de hermanamiento y se felicitan por la fiesta.

Con esta festividad, los musulmanes recuerdan que el Islam significa sumisión, ya que nadie mostró mejor su sumisión a Dios que Abraham (Ibrahim en árabe), quien estuvo dispuesto a sacrificar a su hijo primogénito Ismael (Isma'il) como prueba de su lealtad a Dios. Al final, Dios fue clemente y paró su brazo en el aire justo cuando iba a cercenar el cuello de su hijo. Agradecido, Abraham sacrificó un carnero en su lugar y es en imitación de ese acto que los musulmanes matan a sus animales en lo que se considera la Fiesta Mayor del Islam. Según el Corán, Ismael, el hijo primogénito de Abraham, engendrado por su esposa Agar, fue el protagonista de la historia (a diferencia de la tradición judeo-cristiana, que otorga este papel a Isaac):

Y cuando ( Ismael ) era lo bastante mayor
para ayudar en las tareas ( de Ibrahim ), este dijo:
“¡Oh mi querido hijo!
¡He visto en sueños que debía sacrificarte:
considera, pues, como lo ves tú!”
[Ismael] respondió:
“¡Oh padre mío! ¡Haz lo que se te ordena:
hallarás que soy, si Allah quiere,
paciente en la adversidad!”
Pero cuando ambos se hubieron sometido
a la voluntad de Allah,
y le hubo tendido sobre el rostro, le llamamos:
“¡Oh Ibrahim, has cumplido ya con la visión!”
Así, realmente, recompensamos a los que hacen el bien:
pues, ciertamente, todo esto fue en verdad
una prueba, clara en sí misma.
Y le rescatamos mediante un sacrificio magnífico,
y de esta forma le dejamos como recuerdo
para futuras generaciones:
“¡La paz sea con Ibrahîm!”

Janucá

Los Macabeos se rebelaron con éxito contra Antíoco IV Epífanes. Según el Talmud, el templo fue purificado y las mechas de la menorá milagrosamente ardieron durante ocho días, a pesar de que sólo había aceite suficiente para la iluminación de sólo un día. El Janucá, es celebrada durante ocho días, y conmemora la derrota de los helenos y la recuperación de la independencia judía a manos de los macabeos sobre los griegos, y la posterior purificación del Templo de Jerusalén de los iconos paganos, en el siglo II a. C. La tradición judía habla de un milagro, en el que pudo encenderse el candelabro del Templo durante ocho días consecutivos con una exigua cantidad de aceite, que alcanzaba sólo para uno. Esto dio origen a la principal costumbre de la festividad, que es la de encender, en forma progresiva, un candelabro de nueve brazos llamado januquiá (uno por cada uno de los días más un brazo «piloto»).

Judea era parte del reino ptolemaico de Egipto hasta el año 200 a. C., cuando el rey Antíoco III el Grande de Siria derrotó a Ptolomeo V Epifanes de Egipto en la Batalla de Panio. Judea se convirtió entonces en parte del Imperio seléucida de Siria. El rey Antíoco III el Grande, en un intento por conciliar con sus nuevos súbditos judíos, les garantizó el derecho a «vivir de acuerdo a sus costumbres ancestrales» y continuar con la práctica de su religión en el Templo de Jerusalén. Sin embargo, en el año 175 a. C., Antíoco IV Epifanes, el hijo de Antíoco III, invadió Judea, aparentemente a pedido de los hijos de Tobías.

Los tobíades, quienes lideraron la facción helenista judía en Jerusalén, fueron expulsados de Siria alrededor del 170 a. C., cuando el sumo sacerdote Onias y su facción proegipcia les arrebataron el control. Los tobíades exiliados cabildearon con Antíoco IV Epifanes y lo convencieron de recapturar Jerusalén. Según el testimonio del historiador judío Flavio Josefo, el rey «acordó con ellos, y vino sobre los judíos con un gran ejército, y tomó su ciudad por la fuerza, y asesinó a una gran multitud de aquellos que favorecían a Ptolomeo, y envió a sus soldados a saquear la ciudad sin piedad. También profanó el templo, y puso fin a la práctica constante de ofrecer un sacrificio de expiación diariamente por tres años y seis meses».

Cuando el segundo templo de Jerusalén fue saqueado y los servicios interrumpidos, el judaísmo fue efectivamente convertido en ilegal. En el año 167 a. C., Antíoco Epifanes ordenó la construcción de un altar a Zeus en el Templo. También prohibió la circuncisión y ordenó el sacrificio de cerdos en el altar del Templo. Las acciones de Antíoco Epifanes probaron ser equivocadas, cuando fueron desobedecidas masivamente y provocaron una revuelta de gran escala. Matatías, un kohen (sacerdote judío) y sus cinco hijos —Yojanán, Simón, Eleazar, Jonatán y Judas— lideraron la rebelión contra Antíoco. Judah fue conocido por el nombre de Judah haMacabí ('Judah el Martillero'). En el año 166 a. C. Matatías fallece, y Judah toma su lugar como líder de la rebelión. En el año 165 a. C. la rebelión contra el monarca seléucida triunfa, y el templo es liberado y re dedicado.

La festividad de la Janucá es desde la época de la hegemonía helénica en Israel, comenzada con la conquista de Alejandro el año 332 a. C.; según puede leerse en los libros de I y II Macabeos, aunque no se hace mención a ella en el Tanaj hebreo. Cuando se corona como rey de Siria a Antíoco IV Epífanes (175 y 164 a. C.), éste decide helenizar al pueblo de Israel, prohibiéndole así a los judíos seguir sus tradiciones y costumbres. Un grupo de judíos conocido como los Macabeos (dado que su líder era Yehudá Macabi), provenientes de la zona de Modi'ín, comenzaron a rebelarse contra los soldados griegos, negándose a realizar actos que iban en contra de su propia religión. Tuvieron una lucha difícil, y eran minoría contra el ejército griego; sin embargo su estrategia, decisión y fe los condujeron al milagro de Janucá: ganar pocos contra muchos.

Según el Talmud, al terminar la guerra, los Macabeos regresan a Jerusalén y encuentran el Santo Templo profanado, con la menorá (un candelabro de siete brazos) apagada, y aceite ritualmente puro suficiente para encenderla un solo día. Tardaron ocho días en conseguir más aceite; y sin embargo, el poco que tenían mantuvo encendida la menorá durante todo ese tiempo. En los libros I y II de Macabeos se puede leer sobre la institución de la Janucá. El primero narra: «Durante ocho días celebraron la dedicación del altar... Entonces Judas y sus hermanos y toda la asamblea de Israel, decidieron que la consagración del nuevo altar se debía celebrar cada año con gozo y alegría durante ocho días, a partir del día veinticinco del mes de kislev» (I Macabeos 4:56-59). De acuerdo con II Macabeos (10:6-8), «lo celebraron con alegría durante ocho días, a la manera de la fiesta de los Tabernáculos... toda la asamblea aprobó y publicó un decreto en el que se ordenaba que todo el pueblo judío celebrara cada año estos días de fiesta».

miércoles, 13 de noviembre de 2013

¿Es posible hacer un pacto con el demonio?

La gente suele pensar que los pactos con el demonio sólo existen en la literatura. Están equivocados. Hay personas que conscientemente, con toda advertencia, pactan con el Diablo y le entregan el alma con tal de conseguir algo en esta vida. La idea de un pacto formal con el demonio aparece por primera vez en el siglo V en los escritos de San Jerónimo. Este padre de la Iglesia cuenta como un joven para obtener los favores de una bella mujer fue a un mago, el cual le impone como pago por sus servicios el renunciar a Cristo con un escrito. Tenemos en el siglo VI, una segunda aparición de este tipo de pacto en la leyenda de Teófilo, quien accede a ser un servidor del Diablo y firma un pacto formal. Esta leyenda se extendió por Europa en la Edad Media.

¿Es posible un pacto con el demonio? Por supuesto uno puede firmar un papel, pero no se le va a presentar el demonio ni para entregarle el papel, ni para recogerlo. Cuando uno hace un pacto de este tipo siempre espera que se aparezca alguien, pero es uno mismo el que tiene que escribir los términos, y tampoco aparece nadie una vez firmado el pacto, con lo cual uno se queda con el papel en la mano. Todo lo cual suele ser bastante desilusionante para el que se esperaba que sucediera algo. Aun así, si uno invoca al Diablo muchas veces pueden suceder cosas, lo mismo que en el espiritismo. Pero no necesariamente. A esta escena tan poco teatral, para el que creía que iba a haber alguna aparición, hay que añadir:

1º Que firmar ese pacto no significa obtener una vida de riqueza, honor y lujuria desenfrenada. Yo he conocido personalmente a dos personas que hicieron ese pacto y, francamente, su nivel de vida era peor incluso que el mío. Tampoco parece que en aspecto carnal el Diablo fuera especialmente generoso con ambos. Eso se debe a que el Diablo no es Dios y no puede dar lo que quiera.

2º El alma puede arrepentirse siempre que quiera con un simple acto de su voluntad. Arrepintiéndose, el pacto queda en papel mojado fueran cuales fueran los términos del contrato. Incluso aunque se excluyera la posibilidad del arrepentimiento, esta clausula no sirve de nada. Dios que nos ha dado la libertad para hacer lo que queramos, no nos ha dado libertad para renunciar a la libertad. Esto es válido también en la eternidad, en el cielo o en el infierno seguiremos siendo libres. Sólo que en el cielo ya no querremos pecar, y en el infierno ya no querremos arrepentirnos.

Muchos piensan que el triunfo en los negocios o la profesión sí que la puede dar el Diablo. Pero la razón por la que el mismo Diablo no puede conceder ni siquiera eso a sus siervos es porque el éxito de una empresa o en una profesión depende de la concatenación de muchas causas y factores. El demonio sólo puede tentar, así por ejemplo puede tentar a un jefe a que escoja a un empleado en vez de a otro. Pero la tentación se puede superar, y por tanto ni una cosa tan simple como esa es segura ni con un pacto con el demonio.

El gran poder del pacto con el demonio es hacer pensar a la persona que ya está condenada haga lo que haga. Es difícil hacer entender a una persona que ha firmado tal trato que sigue siendo tan libre como antes. Pero es así.

Extracto del libro
“Tratado de Demonología y Manual de Exorcistas”
Del P. José Antonio Fortea

La Noche de los Cristales Rotos

La Noche de los Cristales Rotos fue una serie de ataques combinados ocurridos en la Alemania nazi y Austria durante la noche del 9 al 10 de noviembre de 1938 y llevado a cabo por las tropas de asalto de las SA conjuntamente con la población civil, mientras las autoridades alemanas observaban sin intervenir.

Desde sus inicios, el régimen de Hitler se movió rápidamente para introducir las políticas antisemitas. A partir de 1933, el gobierno alemán aprobó una serie de leyes anti-judías para restringir los derechos de los judíos alemanes para ganarse la vida, para disfrutar de la plena ciudadanía y educarse a sí mismos, incluyendo la Ley para la Restauración del Servicio Civil Profesional, que prohibía a los judíos a trabajar en la administración pública.

El ostracismo hacia los judíos se oficializó el 15 de septiembre de 1935 tras la aprobación de las Leyes de Nuremberg, sobre todo con la Ley para la Protección de la Sangre y el Honor Alemán y la Ley de Ciudadanía del Reich. Estas leyes y decretos fueron dictados para establecer las características del judío, medio-judío o cuarto de judío, de acuerdo a la ascendencia; prohibir las relaciones sexuales y el matrimonio entre los ciudadanos de sangre alemana o afín y los judíos; privar a los judíos de la ciudadanía alemana, así como la mayor parte de sus derechos políticos, incluido el derecho de voto, y la exclusión de ciertas profesiones y la educación.

Herschel Feibel Grynszpan, judío polaco nacido en la República de Weimar, el 7 de noviembre de 1938 atentó en París contra el diplomático alemán Ernst vom Rath, que falleció dos días más tarde a causa de las heridas. El hecho sirvió de pretexto al régimen nazi alemán para la realización de la Noche de los cristales rotos.

El 8 de noviembre, en Alemania se anunciaron las primeras medidas punitivas en respuesta a los disparos. El gobierno anunció que los niños judíos ya no podían asistir a las escuelas del estado alemán. Todas las actividades culturales de los judíos también fueron suspendidas indefinidamente. Sus derechos como ciudadanos habían sido despojados.

No hubo declaraciones públicas por parte de funcionarios nazis acerca del ataque contra el diplomático Ernst vom Rath, aunque a partir del 8 de noviembre de 1938 una campaña antisemita en la prensa, alentó a los pogromos llevados a cabo por los líderes locales del partido nazi.

El 9 de noviembre Ernst von Rath murió. A la noche siguiente, los nazis aprovecharon la excusa, para llevar a cabo la Noche de los Cristales, atacando a toda la comunidad judía en una serie coordinada de pogromos antisemitas.

El ataque fue pensado para que pareciera un acto espontáneo, pero de hecho fue orquestado por el gobierno alemán. El 9 de noviembre estos altercados dañaron, y en muchos casos destruyeron, aproximadamente 1574 sinagogas (prácticamente todas las que había en Alemania), muchos cementerios judíos, más de 7000 tiendas y 29 almacenes judíos.

Más de 30.000 judíos fueron detenidos e internados en campos de concentración; unos cuantos incluso fueron golpeados hasta la muerte. El número de judíos alemanes asesinados es incierto, con estimaciones de entre 36 a 200 aproximadamente durante más de dos días de levantamientos. El número de muertos más probable es de 91. Esta violencia indiscriminada explica que algunos alemanes que no eran judíos fueran asesinados simplemente porque alguien pensó que «parecían judíos».

Los acontecimientos en Austria no eran menos terribles, y la mayor parte de las 94 sinagogas de Viena y las casas de oración fueron dañadas parcial o totalmente. Esta gente fue sometida a toda clase de humillaciones, incluyendo el fregar los pavimentos mientras eran atormentados por sus compatriotas austriacos.

El tremendo acontecimiento se difundió por todo el mundo. Esto desacreditó a los movimientos nazis en Europa y Estados Unidos, provocando un declive. Muchos periódicos condenaron el suceso, comparándolo con las salvajes revueltas provocadas por la Rusia Imperial en la década de 1880. Estados Unidos retiró a su embajador (pero no rompió sus relaciones diplomáticas), mientras que otros gobiernos cortaron directamente sus relaciones diplomáticas con Alemania a modo de protesta. La España franquista justificó y hasta aplaudió el pogromo, mientras que la República Española lo condenó con firmeza apoyando a los judíos.

La persecución y los daños económicos provocados a judíos alemanes no cesaron con el altercado, aunque sus negocios hubieran sido ya saqueados. También los forzaron a pagar una multa colectiva de mil millones de marcos al gobierno nazi. Esto era una hipocresía: el propio diario The New York Times tenía pruebas fotográficas demostrando que los nazis eran cuanto menos parcialmente responsables, aunque ahora se sabe que fue aprobado personalmente por Adolf Hitler, y que incluso el propio führer estuvo implicado en la planificación. Era una forma de castigo colectivo, más tarde denunciado ante la Convención de Ginebra.