miércoles, 15 de noviembre de 2017

LA HISTORIA JAMÁS CONTADA DE LA TRAGEDIA DE LOS ANDES Y UN SOBRENOMBRE "EL 17"

Una crónica de Alfredo Serra, especial para INFOBAE

En octubre de 1972 se embarcaron en un Fokker de la fuerza aérea oriental para jugar un partido de rugby en Chile. Nada heroico. Una estudiantina. Alumnos de un colegio católico, cantaban y reían cuando una violento temblor y una explosión cambió sus vidas en un segundo: el avión se estrelló contra un pico de roca y hielo, se deslizó centenares de metros como por un fatídico tobogán, y detuvo su carrera en una inhóspita planicie blanca que sería su hogar, además de los restos del avión, en los siguientes 72 días y sus noches.

Cuarenta y cinco pasajeros, veintinueve muertos, dieciséis sobrevivientes alimentados con carne humana –única chance de soportar el espanto con otro espanto–, abandonada su búsqueda a las dos semanas, muerta su única radio y librados a su ingenio como condenados de antemano. Y aterrados, porque hasta aquella carne de los muertos que por razones religiosas o meramente humanas creyeron sagrada e intocable, terminó como alimento providencial y salvador. Los trabajos y los días, el brutal frío nocturno, el silencio infinito, el dolor de haber perdido gente de su sangre que los acompañó en el viaje, las perpetuas oraciones a Dios y todos los santos, el sol impío, las tormentas, y cada atroz vuelta de tuerca, fueron minando sus fuertes cuerpos de rugbiers hasta convertirlos en fantasmas flacos y despellejados.

Vivos todavía, pero muertos a corto plazo. Sin embargo, unidos por dos razones –la fe religiosa reforzada en su católico colegio, y el sentido de pertenencia a su país, Uruguay, y a su alta clase social–, eligieron, sin conflictos de poder, un líder natural: Fernando Parrado. Y en él empieza y termina la historia que sigue. No mucho antes de la navidad jugaron la última carta. Parrado y dos compañeros, no menos exangües que el resto, treparon por la montaña hacia Chile con la esperanza de encontrar a otro ser humano que percibiera sus tristes figuras y sus señas finales. Alcanzaron un valle, y allí vieron a un cansino arriero chileno que recorría el lugar: una baraja a favor del Destino.

Parrado envolvió un mensaje de pocas palabras en una piedra, y la arrojó al otro lado de un escuálido río. El arriero miró el papel pero no pudo leerlo: era analfabeto. Sin embargo, su astucia de hijo de la Tierra le dictó que algo grave ocurría. Atinó a llevarlo hasta un retén de carabineros, y pocas horas más tarde un helicóptero del ejército llegó hasta el Monte Calvario en que yacía el avión como un pájaro muerto, y los sobrevivientes. El veintidós de diciembre fueron rescatados los dieciséis y llevados hasta el modesto pueblo de San Fernando. Oyeron misa, celebraron la Navidad, y durante semanas, meses y años fueron grandes protagonistas de la prensa y del asombro del mundo.

Un poco antes de ese gran momento, cuenta entré en la habitación de Fernando Parrado, en el HOTEL SHERATON local. Me presenté y me reconoció: era lector de la revista GENTE, y mi nombre y mis notas eran parte de su vida, me dijo. Arriesgué la pregunta inevitable, y me confesó la única verdad posible: sí, comieron carne humana. En su caso, aun peor: su madre y su hermana murieron en el desastre. Me enfrenté, entonces, al peor momento de un periodista: disponer de una primicia macabra, y oír su ruego: "No lo publiques, por favor. Nosotros no vamos a ocultarlo, pero queremos decirlo en nuestro colegio, ante nuestros maestros y la prensa mundial, explicando que fue la más terrible e inevitable de las decisiones, tomada después de dramáticas charlas, porque no todos nuestros compañeros comprendían que en Los Andes, a más de veinte grados bajo cero, era imposible sobrevivir sin proteínas".

No dudé: entre la primicia y la actitud moral, callé. Porque un periodista no es un verdugo. Y si lo es, pasa al bando de los canallas. Estuve en Montevideo, en aquella escuela (Stella Maris), tomé nota de la declaración como si la oyera por primera vez, y esa noche, después de enviar mi nota por télex -sistema que hoy haría reír a los jóvenes que ya nacen cibernéticos-, dormí en mi hotel el sueño de los justos. La acción tres meses más tarde, en la redacción de GENTE. Samuel Gelbung, a la sazón mi jefe, empezó a tironearse mechones de pelo: su invariable tic cuando pensaba alguna nota extraordinaria que hiciera llorar al país, como decía antes de encargarla.

Directo, me dijo: "Pingüirama –así me llamaba–, hay una sola nota de los uruguayos que falta, y que a nadie se le ocurrió. Hay que llegar al avión, meterse, y contar desde allí lo que pudieron sentir los dieciséis a lo largo de setenta y dos días. Andá a Mendoza, averiguá cómo llegar, y hacéla". Fui al punto más cercano: Malargüe. Bajé (bajamos con mi compañero, el fotógrafo Eduardo Frías), averigüé, contraté a dos arrieros chilenos, compré ropa y víveres sin medida, y una mañana, con veintidós grados bajo cero, los arrieros, nosotros, y dos caballos de refuerzo, partimos desde un rancho nada lejos de las estribaciones de la montaña.

Tres días y tres noches a caballo. Para mí, debut: la primera y única monta de mi vida eran los petisos que, de niño, por centavos, me paseaban por dos vueltas a la manzana… De día, cabalgata a paso medio. De noche, dormir sobre el hielo tapados con gruesos y negros ponchos chilenos. Y de pronto, una mañana, detrás de un mar de penitentes de hielo de aguzadas puntas, ¡el avión! Los caballos claudicaron, y debimos avanzar trescientos metros a pie. Caí agotado, me deshidraté, pero rompí algunas puntas de hielo con mi guante de cuero, las chupé como si fueran un delicioso helado, me recuperé, y alcancé la meta.

Nada quedaba de la tragedia y de la épica de los uruguayos. Nada, salvo el esqueleto del avión, como un pájaro o un insecto gigante y desarbolado, la montaña por la que trepó Fernando Parrado en la última excursión, un infinito manto de nieve, y un silencio más profundo que el del espacio exterior, sus soles, sus estrellas, sus supernovas. Entramos a las entrañas del cadáver, pasamos allí el resto del día y la interminable noche, y al mediodía siguiente nos envolvió una vorágine de viento y nieve que laceraba nuestras caras y hacía desaparecer todo punto de referencia, como si estuviéramos en un planeta desconocido. Los chilenos no vacilaron. "Es la última tormenta de la temporada. Si no nos vamos ahora, la cosa se va a poner muy difícil. Monten y arranquemos. No hay tiempo que perder".

Caminé hacia mi dócil caballo, que marchaba de memoria. Puse mi pie izquierdo en el estribo, y antes de saltarle al lomo, descubrí, en el vasto campo blanco casi borroso por la ventisca, una tenue línea verde. Volví sobre mis pasos, cavé unos centímetros, y rescaté un porta documentos de plástico. Sin tiempo para averiguar de qué se trataba, qué hacía allí en ese desierto blanco, lo metí en mi bolso, y empezamos a cabalgar. Llegamos al rancho de la partida un día después, sin descanso. Ya de noche, en el hotel de turismo de Malargüe y luego de una ducha casi hirviente, en la cama, lo abrí. Eran los documentos de Fernando Parrado: su cédula de identidad y su carnet del Automóvil Club Uruguayo. Ómnibus hasta Mendoza, avión hasta Buenos Aires. Ya en la redacción, llamé a Fernando por teléfono.

-Hola, Alfredo.
-Fernando, vengo del avión.
-¿Cómo?
-Sí, llegamos al avión con un fotógrafo y dos arrieros.
-¿Están locos?
-Casi… Pero tengo algo para vos.
-¿Qué?
-¡Encontré tus documentos!
-El frío te hizo mal… Estás delirando.
-No. Los tengo en la mano -y los describí-.
-¿Están los dólares?
-No. ¿Qué dólares?
-Meté la mano en uno de los bolsillos. Tiene que haber ciento cincuenta dólares.
-(Después de rebuscar) Sí, aquí están. Vení a buscarlos cuando quieras.

Viajó dos días después, y la entrega fue una ceremonia en la redacción de GENTE. Fotos, comentarios, abrazos. Había un billete de cien y cinco de diez. El último de diez, sin consultarnos, lo partimos por la mitad, como un amuleto. En adelante, Fernando viajó por todo el mundo, invitado a dar conferencias sobre supervivencia ante notorios empresarios, y yo a París, Roma, El Cairo, Líbano, La Habana, el Tren Transiberiano (Moscú a Vladivostok), Liberia, Alto Volta -hoy Burkina Faso-, Kenia, etcétera. Pero aquellas dos mitades, hasta hoy, siguen –dormidas pero vivas y protectoras– entre nuestros pasaportes. En mi caso, en el instante del despegue, la acaricio entre el índice y el pulgar. Nunca le pregunté, pero creo que Fernando cumple el mismo rito.

(Post scriptum: desde entonces, como un homenaje a mi silencio que acaso no merezco, Carlitos Páez Vilaró, hijo del gran artista que ya dejó este mundo, me bautizó "El 17": la mejor medalla que me hayan conferido en más de medio siglo de periodismo).

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ARADIA LA HERMANA DE LUCIFER

En 1899, el folklorista CHARLES LELAND publicó un libro prohibido que posteriormente sería admitido como parte del canon WICCA, titulado: ARADIA O EL EVANGELIO DE LAS BRUJAS; el cual relata la historia de ARADIA, REINA DE LAS BRUJAS Y HERMANA DE LUCIFERLELAND sostuvo que aquel extraño libro era, en realidad, parte de una obra más amplia y tenebrosa perteneciente a un grupo de brujas de La Toscana, quienes veneraban a DIANA, ARADIA Y LUCIFER. De hecho, el autor aseguró que el texto le fue entregado en persona por una misteriosa mujer toscana, llamada MAGDALENA, quien además le reveló ciertos aspectos de aquel antiguo culto.

De acuerdo a esta leyenda, ARADIA, la diosa de la luna, y LUCIFER, el dios de la luz, son hermanos. Ambos nacieron del vientre de DIANA, y fueron criados con idéntica dedicación, aunque rápidamente evidenciaron ciertas diferencias de temperamento. Al parecer, LUCIFER era un muchacho muy orgulloso del esplendor de su espíritu. Según esta tradición, no fue expulsado del cielo durante las Guerras Celestiales con los ángeles, sino que descendió por voluntad propia a la Tierra debido a que su orgullo le impedía servir al Creador. Por otro lado, DIANA instruyó a su hija, ARADIA, mucho más diplomática que su hermano, a que ella también descendiera a la Tierra para enseñarle a los hombres y las mujeres el arte de la magia. Es por eso que se considera que ARADIA fue la primera bruja de la historia.

LELAND describe a ARADIA como un ser primordial, mezcla de ángel y demonio, sin inclinaciones concretas hacia el bien o hacia el mal, o mejor dicho, con una agenda propia, que muchas veces puede contrastar poderosamente con la ética y la moral de los hombres. No obstante, la mayoría coincide en inscribir su doctrina dentro de la magia blancaMientras ARADIA permaneció en la Tierra, su sabiduría se esparció principalmente sobre las mujeres, quienes aprendieron de ella el arte de la magia en todas sus formas, especialmente aplicada a la medicina natural. No obstante, su estancia en nuestro mundo no fue prolongada. Pronto retornó a las esferas inconcebibles en donde habita DIANA, y desde allí, cuenta la leyenda, observa a sus aprendices y guía los pasos de aquellas mujeres que se inician en el camino de la WICCA.

En ARADIA O EL EVANGELIO DE LAS BRUJAS, LELAND supone que las brujas de la Toscana son las únicas que han conseguido preservar intacta la antigua sabiduría de ARADIA, sin desviarse hacia un culto más oscuro y siniestro, como el de LUCIFER, más asociado a la magia negraAhora bien, ya fuera de las conjeturas de LELAND, hoy sabemos que ARADIA es una deformación de HERODIAS, no de aquella mujer del Antiguo Testamento, sino de la propia LILITH, la madre de los vampiros; una asociación que ya había sido establecida por JULES MICHELET en su obra: SATANISMO Y BRUJERÍADentro de esta tradición, ARADIA (LILITH) habría sido engendrada por ARDAT. A su vez, daría a luz a ALOUQUA, otra tenebrosa deidad relacionada a los vampiros, y a los LILIM, aquellas criaturas nocturnas que tanto pavor infundían a los pueblos antiguos. De hecho, el culto de ARADIA se mantuvo firme, por lo menos, hasta el siglo VI d.C., donde fue enérgicamente condenado por el CONCILIO DE ANCYRA.

Por alguna razón que ningún especialista ha logrado esclarecer del todo, LUCIFER obtuvo una enorme popularidad, quizá luego de ser instaurado como uno de los enemigos principales de la cristiandad. En cambio, su “supuesta” hermana ARADIA, fue prácticamente olvidada salvo por un puñado de brujas de la Toscana, quienes mantuvieron vivo su culto hasta nuestros días.

COLÓN ESTA DE PIE CONTEMPLANDO EL NUEVO MUNDO

Su estatua fue víctima de un disparate de Hugo Chávez y de una errónea decisión de la ex presidenta Cristina Fernández de Kirchner. Tras años de abandono, se completó el montaje del monumento a Cristóbal Colón en la Costanera Norte. A las cinco de la tarde del martes 7 de octubre de 2017 –fecha completa, fecha histórica–, una grúa capaz de levantar 300 toneladas elevó hacia el cielo, y frente a las aguas del Plata, los seis metros de la estatua del GRAN ALMIRANTE, de 40 toneladas, y los repuso sobre su pedestal de veinte metros.

No fue una operación fácil. Soplaba un fuerte viento llegado desde el río, y la mole oscilaba… aunque menos de lo que sin duda se agitaron sus carabelas –Santa María, Pinta y Niña– en "La mar océana", como se llamaba a esa inmensidad, los dos meses y nueve días de incertidumbre –3 de agosto al 12 de octubre de 1492– que pasaron hasta que el marinero sevillano Rodrigo de Triana (Rodrigo Pérez de Acevedo: su nombre real) gritó ¡Tierra!

Terminó así una larga historia –casi cuatro años y medio– de errores, prepotencia, agravios y tristeza. El primer y grosero error lo cometió el dictador venezolano Hugo Chávez en marzo de 2011 durante su visita a la presidenta Cristina Fernández de Kirchner. Mirando hacia el río por una ventana de la Casa Rosada, y al descubrir la estatua de COLÓN, le dijo:

¿Qué hace ahí ese genocida? ¡Ahí tiene que estar un indio!

Claramente, su odio era más fuerte que sus conocimientos históricos: COLÓN jamás, en ninguno de sus viajes al Nuevo Mundo, mató a un nativo, y mucho menos fue responsable de las masacres que perpetraron HERNÁN CORTÉS y los demás conquistadores enviados por la Corona ibérica. Sin embargo, sin averiguar la verdad e inmediatamente, tomando ese exabrupto como una verdad histórica y una orden, la ex presidenta ordenó el desalojo del Gran Almirante y su reemplazo por una estatua de Juana Azurduy de Padilla, patriota y heroína del Alto Perú que se batió con bravura en las guerras de la Independencia.

Sin duda merecía un lugar. Pero no necesariamente ese. Porque la sustitución inmediata y "manu militari" sólo logró agraviar y entristecer a la inmensa comunidad italiana del país, que donó la estatua por impulso del próspero inmigrante Antonio Devoto, que depositó la primera y muy fuerte suma y abrió la puerta a una colecta millonaria: la que permitió que el famoso escultor florentino Arnaldo Zocchi construyera, con puro mármol de Carrara, ese monumento que no sólo honra a COLÓN; los grupos alegóricos al pie representan, siguiendo la obra "Medea", de Sófocles, la Ciencia, el Genio, el Océano, la Civilización, la Fe y el Porvenir.

Desguazarlo pieza a pieza, protegerlo durante años, llevarlo hasta el espigón Puerto Argentino de la Costanera, seguir cuidándolo allí, reconstruirlo y montarlo definitivamente… costó una fortuna. Por supuesto, a cargo del bolsillo de los contribuyentes. En cuanto a la estatua de Juana Azurduy, la nueva inquilina del PARQUE COLÓN, también fue víctima del desatino que la instaló allí… Debió ser desalojada por imperio de las obras del futuro PASEO DEL BAJO, llevada frente al ex Palacio de Correos –hoy CCK–, y la falta de patinado sobre el bronce deterioró la superficie, que deberá ser reparada antes de que el mal sea mayor.

Desde el martes 7 de octubre de 2017, COLÓN mira hacia el vasto Río de la Plata, al que Juan Díaz de Solís llamó "Mar Dulce" en 1515 –simulacro del océano–, y lo mantiene despierto la constante danza de aviones en el AEROPARQUE JORGE NEWBERY. Tal vez sea más feliz allí… y olvide el disparate que lo arrancó del parque en que reinaba desde el 15 de junio de 1921 como homenaje de los inmigrantes italianos al Centenario de la Revolución de Mayo: fecha en que fue enclavada la piedra fundamental.

Moraleja: Dejad que las estatuas descansen en paz…

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miércoles, 8 de noviembre de 2017

UNA VOZ POR EL PLANETA TIERRA-Tercera Parte

Nosotros y todo lo que vive, hemos derivado del Cosmos, antiguo y vasto. La edad del universo en el cual vivimos se cuantifica entre 14.500 y 15.000 millones de años. El Sistema Solar nacido de los escombros de la explosión de antiguas estrellas, data de unos 4.500 millones de años. Nuestra compañera Selene, surgió del choque de un cuerpo celeste colosal. El polvo, rocas y materia interestelar resultante de ese evento, conformó nuestro soberbio satélite la Luna. Por eso los científicos inspirados por los relatos de la Mitología greco-romana, nos dicen que GEA, la Tierra, dejó salir de su vientre a Selene, la Luna.

Un maravilloso proceso acaecido durante millones de años, transformó una esfera incandescente y caótica, en un maravilloso planeta, en el que la materia adquirió conciencia e impulsó la vida. Científicos y sabios nos han relatado maravillosas historias de como el agua que hoy abunda en el planeta, viajó millones de kilómetros contenida en cometas, en cristales de hielo. Que esta lluvia meteórica duró unos 8 millones de años y que con el calor de los impactos el hielo de muchos siglos, se derrite y conforma los impresionantes mares que fueron la cuna de la vida. La Tierra vivió maravillosas experiencias, desde el hecho de ser una inmensa bola de fuego que recibió millones de meteoros que contenían cantidades ingentes de elementos que con el paso del tiempo se fueron combinando para darle forma a ese maravilloso producto que es la vida.

Millones de seres microscópicos usaron los océanos como su hogar y estos para devolver ese gran favor transformaron la atmósfera de la tierra, llenándola de ese maravilloso elemento que llamamos el oxígeno y que es el que le da ese hermoso color azul que notamos desde el espacio. Hubo una época en el pasado remoto de la tierra, en el que esta se convirtió en una enorme Bola de Nieve. Las temperaturas cayeron y el agua se congeló, convirtiendo el planeta durante millones de años en un punto blanco en el vasto espacio. Realmente emocionante, es saber que una de las teorías que hablan de la creación nos cuenta que el universo se creó en un punto infinitesimalmente pequeño. Más pequeño que un átomo, que ahí se conjuntó toda la energía y que en un determinado momento explotó. Es a lo que los científicos denominan en inglés el Big Bang o sea La Gran Explosión. De ahí en adelante se conformó el espacio y el tiempo.

Nosotros nos movemos en un mundo con cuatro dimensiones, arriba y abajo, adelante y atrás, derecha e izquierda y el tiempo, nuestro compañero inexorable. Los científicos le apuestan a la existencia de 7 dimensiones adicionales que no podemos percibir. La creación nos circunscribe en un mundo en el que nos acostumbramos a percibir una bipolaridad. El principio y el fin, el Big Bang y el Big Crunch, lo malo y lo bueno. Por la forma en que hemos sido conformados y la manera en que concebimos y percibimos nuestro entorno, el transitar por esta maravillosa experiencia que es la vida, hace que cada día y a cada instante nos maravillemos con todo lo que hay en la creación. Hace algunas décadas el científico Charles Darwin nos decía que la humanidad proviene de un antepasado común, un mono, que era muy diferente a los que hoy conocemos. Conforme avanza el conocimiento vamos descubriendo que todo lo que vive tiene un antepasado común, una bacteria primigenia, que fue la primera planta, el primer ser vivo.

Aparte de eso los científicos han podido comparar las células de los seres vivos, animales, plantas y seres humanos. En su constitución son muy parecidas, poseen un núcleo, pared celular, mitocondrias, nucleolos. Diferentes y parecidas al mismo tiempo. En lo que sí coinciden todas, es que cada una de ellas contiene moléculas que son las que hacen posible el ADN y el ARN. Estas cadenas contienen enlaces que son posibles gracias al carbono, único elemento que tiene la capacidad de combinarse con los demás. El carbono, así como otros elementos orgánicos, o sea, que hacen posible la vida, están presentes en una sopa cuántica que provee la materia prima para la conformación de nuevos seres vivos. Todos y cada uno de los elementos que están presentes en nuestro planeta, han realizado un viaje de millones de años. En palabras sencillas, todo lo que vive y todo lo que existe ha sido hecho con Polvo de Estrellas. Lejanas, muy lejanas y, que ya murieron para dar paso a nuestro universo. A la luz de esta reflexión, esperamos que usted tenga la capacidad de amar cada día más, esta maravillosa creación.

Jorge Muñoz Somarribas

LA SOBERANÍA ARGENTINA SOBRE LAS ISLAS MALVINAS

DOCUMENTOS INÉDITOS DE 1767 RATIFICAN LA SOBERANÍA DE ARGENTINA SOBRE LAS ISLAS MALVINAS

Son tres cartas inéditas fechadas en 1767. Tres documentos escritos en español antiguo que incluyen un intercambio epistolar entre el primer gobernador de las Islas Malvinas y el entonces mandatario de Buenos Aires. Los tres escritos llegaron a manos del gobierno hace pocos días y revelan un hecho inusitado para la historia nacional: RATIFICAN LA SOBERANÍA GEOPOLÍTICA DE LA ARGENTINA SOBRE LAS ISLAS MALVINAS. El primer documento está fechado en Buenos Aires el 18 de febrero de 1767 y es una carta del entonces GOBERNADOR BONAERENSE FRANCISCO BUCARELLI Y URSÚA (expulsor de los Jesuitas) a FELIPE RUIZ PUENTE, primer mandatario de las Islas Malvinas. El texto que se halla bajo estricto resguardo en el Archivo General de la Nación, sostiene que desde Buenos Aires se enviarán ocho prisioneros "a ración y sin sueldo" como mano de obra para la flamante gobernación de las Malvinas, creada cuatro meses antes por orden del Rey Carlos III. "Señor mío: con destino a servir en las Reales obras de las Islas Malvinas a ración y sin sueldo remito a Usted los individuos señalados en la adjunta relación para [que] disponga la conducción y permanencia allí de estos reos el tiempo de su condena", firma el gobernador de Buenos Aires al tiempo que da la lista de ocho presos.

El segundo documento es una carta fechada en Malvinas el 25 de abril de 1767 enviada por el gobernador de Malvinas FELIPE RUÍZ PUENTE a su par bonaerense BUCARELLI Y URSÚA. En esa misiva le explica la necesidad de levantar una capilla en Malvinas "para todo el pueblo, pues solo se cuenta con una muy precaria, con una imagen de San Luis". Y solicita a la vez "un pequeño sagrario o tabernáculo con su copón correspondiente y una imagen de la Advocación que V.E determinare para Patrono de esta posesión". Cabe destacar que el Puerto Soledad se bautizó como Saint Louis cuando fue descubierto por los franceses. Sucede que las islas luego fueron transferidas a la corona española por Francia. Y el tercer documento hallado, que obra en poder del Estado en estos momentos, está datado en Buenos Aires el 2 de diciembre de 1767. También se trata de una carta dirigida por el gobernador de Buenos Aires al primer gobernador de Malvinas. Allí se sostiene que desde la capital argentina se enviarán los vasos sagrados y ornamentos para "erigir una nueva capilla en esa Colonia", así como una imagen de la Virgen de la Soledad para que sea declarada patrona de la población. Quizás esta sea la única pista para descubrir el origen del nombre de la Isla Soledad.

Los detalles más importantes de las cartas, menciona la enumeración de "reos" que fueron a trabajar ya que entre ellos sólo uno era de origen noble y de apellido Díaz. No sólo estos reos fueron a Malvinas, sino que comenzaron las primeras obras de la Capilla y está mencionado que fueron los Franciscanos quienes aportaron su asistencia espiritual al comienzo de dominio de la corona española. El documento está datado el 25 de Abril de 1767, la fecha del traspaso de dominio francés de las islas al reino español, y para los historiadores y el arco político, estos documentos revelan una posesión del territorio español, por lo que tras la independencia de la Argentina, pasó a ser la república poseedora de las islas Malvinas. "La particularidad del documento es el uso de la palabra 'Colonia', calificativo de los Borbones, reinantes en esa etapa en la península Ibérica. Ese término es vital para reconocer a las islas como dependientes de una gobernación bonaerense, luego del Virreynato del Río de la Plata, más tarde de las provincias Unidas y por último de la Nación Argentina", expresó el coleccionista privado que encontró los documentos y que se los donó al Estado. Por razones de seguridad, el anticuario prefirió denominarse con las iniciales N.L.D. a fin de no revelar su identidad.

El Gobierno tiene conocimiento de estos documentos que ahora están en poder del Archivo General de la Nación. Una fuente calificada de la Casa Rosada admitió que "hay altas posibilidades de que estas cartas puedan ser usadas para presentar en Naciones Unidas como nuevos elementos de defensa de la soberanía de la Argentina en las islas Malvinas". El Instituto Nacional de Tecnología Industrial (INTI) terminó de analizar científicamente los documentos inéditos para autentificar su identidad y reveló que son reales. Se realizaron "análisis cual/cuantitativo de fibras mediante la observación con micropio optimo y microfotografias". El informe técnico es el SOTN 18-5230. "Se tomaron muestras con algunos escasos milímetros cuadrados en zonas de reborde y sin escritura tratando de no afectar las dimensiones originales ni su aspecto", dice el documento. A su vez, el Archivo General de la Nación avaló esa documentación y la resguardó en su poder bajo llave. Ahora espera que el Gobierno tome el tema y se avance con el reclamo político ante Gran Bretaña en el Comité de Descolonización de Naciones Unidas. Desde la Fundación Nuestra Historia y la Confederación de Entidades Patrióticas, dijo que "la validez de estos documentos es que tienen el peso político de que el reclamo argentino sobre las islas ya se sustentaba desde 1767 y no hay dudas de esto".

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LA IGLESIA CATÓLICA Y EL GOBIERNO PERONISTA-Segunda Parte

Entre 1954 y 1955 se desplegó un fuerte enfrentamiento entre Perón y la Iglesia Católica, una tradicional institución en el país, que había sido aliada a su gobierno hasta entonces. Ahora, sectores católicos propiciaban la creación de un Partido Demócrata Cristiano que represente sus ideales, a la manera de los que existían en Europa. El conflicto se exacerbó cuando en mayo de 1955 un grupo de legisladores oficialistas presentaron un proyecto para convocar a una nueva Convención Constituyente que entre otras reformas realizaría la separación de la Iglesia y del Estado, el proyecto fue aprobado con la oposición de la U.C.R. Nuevas medidas tuvieron el mismo rumbo. Se estableció el divorcio vincular, se derogó la ley de enseñanza religiosa de 1946 y se les quitó el apoyo a los institutos privados de enseñanza católica. El día 11 de junio se realizó la procesión de CORPUS CHRISTI en Buenos Aires, como era habitual, pero esa vez en 1955 adquirió el carácter de marcha de oposición al gobierno. Asistieron representantes de todo el abanico antiperonista, desde la U.C.R. hasta el Comunismo. El gobierno culpó a los manifestantes de la "quema de la bandera", hecho que no fue clasificado.

Alentados por los sucesos, un sector rebelde de las Fuerzas Armadas bombardeó Plaza de Mayo; la respuesta de los adictos al gobierno fue el incendio de la Curia y de templos como el de San Ignacio, Santo Domingo y San Francisco (16 de junio de 1955). Se ha dicho también que el conflicto del peronismo con la Iglesia estalló en 1954 como una consecuencia comprensible del estado de omnipotencia al que Perón se sentía llevado a medida que se consolidaba su poder personal. Se ha señalado, asimismo, que el vínculo con la dirigencia eclesiástica se deterioró porque, en los años cincuenta, el régimen peronista explicitó su ambición de educar a las nuevas generaciones en las "veinte verdades" justicialistas, lo cual implicaba una politización de la enseñanza que la Iglesia veía con recelo y preocupación. No faltan historiadores que mencionen entre las causas de la ruptura el implacable avance del régimen peronista hacia una suerte de estatización del asistencialismo social, con el emblemático protagonismo de la Fundación Eva Perón. Ese avance -se dice- significaba poner el pie en un territorio social que históricamente había estado reservado a las organizaciones de la Iglesia. En realidad, el rompimiento de Perón con la Iglesia no se debió a una sola causa sino a una suma de factores. Es probable que las distintas causales que hemos ido mencionando hayan tenido alguna influencia en el desenlace final.

Lo cierto es que el conflicto quedó planteado en toda su crudeza el 10 de noviembre de 1954, cuando Perón dijo públicamente, en una reunión de gobernadores, que en la Argentina había curas y prelados que estaban desplegando actividades perturbadoras. Tras nombrar uno por uno a esos sacerdotes que actuaban, supuestamente, como enemigos de su gobierno, Perón destacó que pertenecían, principalmente, a tres diócesis del interior: la de Córdoba, la de Santa Fe y la de La Rioja. A partir de allí, la crisis se fue agudizando. Los diarios de la cadena oficialista lanzaron una agresiva campaña contra la Iglesia y pronto el enfrentamiento escapó a todo control. Al principio la relación de Perón con la Iglesia, tal vez por el fuerte catolicismo de Eva, era una relación cordial. Luego el peronismo había ido derivando de una convicción política hacia algo parecido a una creencia pseudo religiosa, basada en la adoración de las masas a su benefactor y sustentada principalmente en el culto a la difunta Eva Perón, “jefa espiritual de la Nación”, a quien se la imaginaba canonizada. Es de imaginar que Perón sabía que enfrentaría la oposición de la poderosa Iglesia en la Argentina, un país en el que el 90% de su población se considera católica, aunque remisa en el cumplimiento de sus obligaciones religiosas. Pero no calibró el vigor de dicha resistencia.

El conflicto entre el peronismo y la Iglesia pasó a ser, entonces, entre el peronismo y un antiperonismo engrosado por el mismo conflicto y que, por fin, había encontrado una vía por donde manifestarse, instituyendo algo muy semejante a una “guerra santa” cuyo grito era “Perón o Cristo”. La crisis avanzó hasta extremos sin retorno La ciudad se vio inundada de panfletos difamatorios que se hacían en las iglesias y en los colegios religiosos; en ellos se incitaba directamente a la rebelión, de la misma manera que los curas en los púlpitos se transformaron en oradores políticos de barricada, incitando a los fieles a la revolución y al desorden. Es de recalcar que la Marcha de la Libertad, que puso música a la insurrección contra su gobierno, fue grabada clandestinamente en el sótano de una Iglesia. Lo cierto es que la jerarquía eclesiástica intentó acciones conciliatorias, pero el protagonismo dejó de ser suyo para pasar a sectores civiles y militares que operaban en su representación, como fue el caso de una Marina, esencialmente laica y liberal. La Iglesia no pudo resolver políticamente la situación. Perón, por otro lado, pareció perder el control de la situación. Acostumbrado a dominar todos los resortes de la vida política argentina: las Fuerzas Armadas, los sindicatos, los medios de difusión, las organizaciones empresariales, hasta los partidos de la oposición, no pudo tolerar que la Iglesia se le resistiera y continuó asestando golpes que se volverían en su contra.

Luego vendría el tumultuoso junio de 1955, con la procesión de CORPUS CHRISTI del 11, una multitudinaria manifestación ficticiamente religiosa, engrosada por ateos, marxistas y antiperonistas de todos los colores. Luego, el 16 por la mañana, se conocería la excomunión de Perón por la expulsión de los MONSEÑORES TATO Y NOVOA. Más tarde, se desencadenaría el bombardeo de la Casa Rosada por parte de aviadores de la Marina, con el ominoso resultado de cientos de muertos. A la noche de ese mismo día, la quema de varias iglesias capitalinas y la curia, como revancha por los sucesos del día. La influencia de Eva en el conflicto había sido conciliadora, ella era muy católica, de hecho viajo al Vaticano y fue recibida por el Papa. Ella era un puente de la relación de Perón con la cúpula eclesiástica, pero debido a su pronta muerte esta influencia pacificadora se corto rápidamente. El inicio del conflicto no se sabe con exactitud, claramente muerta Eva, a Perón la relación con la Iglesia no le importaba demasiado. Pero se cree que los desencadenantes fueron la manifestación del CORPUS CHRISTI y su discurso del 17 de octubre. Claramente enfrentarse a la Iglesia fue un grave error, cualquier político que se enfrente con esta, se está poniendo en contra una gran masa de personas. Por otra parte el enfrentamiento se contradecía a su doctrina y además era un conflicto totalmente evitable.

La procesión del CORPUS CHRISTI fue un acto multitudinario, que como dijimos, la presencia de fieles ese día, sumo además una gran masa de anti peronistas. El acto se llevo a cabo el 11 de Junio del 55, algunos afirman que fue el principio del fin del gobierno del general. Las nuevas medidas tomadas por Perón fueron un gran “cachetazo” para la Argentina, claramente afectaban directamente a la Iglesia y atacaban la moral de todos los católicos. Las medidas de divorcio y de separación de ESTADO- IGLESIA resultaban más aceptadas. Pero las medidas de profilaxis y legalización de los prostíbulos eran una aberración para la mayoría de las personas. La mayor parte de los historiadores coinciden en que el conflicto fue de índole estrictamente política con exclusión de toda connotación religiosa y el mismo Perón así lo había expresado, de modo que la religión fue sólo un enmascaramiento de la causa real.

MARÍA MADRE DE LA GRACIA

La Santísima Virgen, predestinada, junto con la Encarnación del Verbo, desde toda la eternidad, cual Madre de Dios, por designio de la Divina Providencia, fue en la tierra la esclarecida Madre del Divino Redentor, y en forma singular la generosa colaboradora entre todas las criaturas y la humilde esclava del Señor. Concibiendo a Cristo, engendrándolo, alimentándolo, presentándolo en el templo al Padre, padeciendo con su Hijo mientras El moría en la Cruz, cooperó en forma del todo singular, por la obediencia, la fe, la esperanza y la encendida caridad en la restauración de la vida sobrenatural de las almas. por tal motivo es nuestra Madre en el orden de la gracia. Y esta maternidad de María perdura sin cesar en la economía de la gracia, desde el momento en que prestó fiel asentimiento en la Anunciación, y lo mantuvo sin vacilación al pie de la Cruz, hasta la consumación perfecta de todos los elegidos. Pues una vez recibida en los cielos, no dejó su oficio salvador, sino que continúa alcanzándonos por su múltiple intercesión los dones de la eterna salvación. Con su amor materno cuida de los hermanos de su Hijo, que peregrinan y se debaten entre peligros y angustias y luchan contra el pecado hasta que sean llevados a la patria feliz.

Por eso, la Santísima Virgen en la Iglesia es invocada con los títulos de Abogada, Auxiliadora, Socorro, Mediadora. Lo cual, sin embargo, se entiende de manera que nada quite ni agregue a la dignidad y eficacia de Cristo, único Mediador. Porque ninguna criatura puede compararse jamás con el Verbo Encarnado nuestro Redentor; pero así como el sacerdocio de Cristo es participado de varias maneras tanto por los ministros como por el pueblo fiel, y así como la única bondad de Dios se difunde realmente en formas distintas en las criaturas, así también la única mediación del Redentor no excluye, sino que suscita en sus criaturas una múltiple cooperación que participa de la fuente única. La Iglesia no duda en atribuir a María un tal oficio subordinado: lo experimenta continuamente y lo recomienda al corazón de los fieles para que, apoyados en esta protección maternal, se unan más íntimamente al Mediador y Salvador. María es dispensadora universal de todas las gracias, tanto por su divina maternidad: que las obtiene de su Hijo, como por su maternidad espiritual: que las distribuye entre sus otros hijos, los hombres. Esto lo hace subordinada a Cristo, pero de manera inmediata. Y ello por una específica y singular determinación de la voluntad de Dios, que ha querido otorgar a María esta doble función: ser Corredentora y Dispensadora, con alcance universal y para siempre.

Vemos en la Encíclica REDEMPTORIS MATER, «la mediación de María está íntimamente unida a su maternidad y posee un carácter específicamente materno que la distingue del de las demás criaturas». El mismo Concilio quiso responder a las dificultades manifestadas por algunos padres conciliares sobre el término «Mediadora», afirmando que María «es nuestra madre en el orden de la gracia» (LUMEN GENTIUM, 61). Recordemos que la mediación de María es cualificada fundamentalmente por su maternidad divina. Además, el reconocimiento de su función de mediadora está implícito en la expresión «Madre nuestra», que propone la doctrina de la mediación mariana, poniendo el énfasis en la maternidad. Por último, el título «Madre en el orden de la gracia» aclara que la Virgen coopera con Cristo en el renacimiento espiritual de la humanidad. La mediación materna de María no hace sombra a la única y perfecta mediación de Cristo. En efecto, el Concilio, después de haberse referido a «María Mediadora», precisa a renglón seguido: «Lo cual, sin embargo, se entiende de tal manera que no quite ni añada nada a la dignidad y a la eficacia de Cristo, único Mediador» (ib., 62). Y cita, a este respecto, el conocido texto de la primera carta a Timoteo: «Porque hay un solo Dios, y también un solo mediador entre Dios y los hombres, Cristo Jesús, hombre también, que se entregó a sí mismo como rescate por todos» (1 Tm 2,5-6). El Concilio afirma, además, que «la misión maternal de María para con los hombres de ninguna manera disminuye o hace sombra a la única mediación de Cristo, sino que manifiesta su eficacia» (LUMEN GENTIUM, 60). Así pues, lejos de ser un obstáculo al ejercicio de la única mediación de Cristo, María pone de relieve su fecundidad y su eficacia. «En efecto, todo el influjo de la santísima Virgen en la salvación de los hombres no tiene su origen en ninguna necesidad objetiva, sino en que Dios lo quiso así. Brota de la sobreabundancia de los méritos de Cristo, se apoya en su mediación, depende totalmente de ella y de ella saca toda su eficacia» 

De Cristo deriva el valor de la mediación de María, y, por consiguiente, el influjo saludable de la santísima Virgen «favorece, y de ninguna manera impide, la unión inmediata de los creyentes con Cristo» La intrínseca orientación hacia Cristo de la acción de la «Mediadora» impulsa al Concilio a recomendar a los fieles que acudan a María «para que, apoyados en su protección maternal, se unan más íntimamente al Mediador y Salvador» (ib., 62). Al proclamar a Cristo único Mediador (cf. 1 Tm 2,5-6), el texto de la carta de Pablo a Timoteo excluye cualquier otra mediación paralela, pero no una mediación subordinada. En efecto, antes de subrayar la única y exclusiva mediación de Cristo, el autor recomienda «que se hagan plegarias, oraciones, súplicas y acciones de gracias por todos los hombres» (1 Tm 2,1). ¿No son, acaso, las oraciones una forma de mediación? Más aún, según Pablo, la única mediación de Cristo está destinada a promover otras mediaciones dependientes y ministeriales. Proclamando la unicidad de la de Cristo, el Apóstol tiende a excluir sólo cualquier mediación autónoma o en competencia, pero no otras formas compatibles con el valor infinito de la obra del Salvador.

Es posible participar en la mediación de Cristo en varios ámbitos de la obra de la salvación. La LUMEN GENTIUM, después de afirmar que «ninguna criatura puede ser puesta nunca en el mismo orden con el Verbo encarnado y Redentor», explica que las criaturas pueden ejercer algunas formas de mediación en dependencia de Cristo. En efecto, asegura: «Así como en el sacerdocio de Cristo participan de diversa manera tanto los ministros como el pueblo creyente, y así como la única bondad de Dios se difunde realmente en las criaturas de distintas maneras, así también la única mediación del Redentor no excluye sino que suscita en las criaturas una colaboración diversa que participa de la única fuente» ¿Qué es, en verdad, la mediación materna de María sino un don del Padre a la humanidad? Por eso, el Concilio concluye: «La Iglesia no duda en atribuir a María esta misión subordinada, la experimenta sin cesar y la recomienda al corazón de sus fieles». María realiza su acción materna en continua dependencia de la mediación de Cristo y de él recibe todo lo que su corazón quiere dar a los hombres. La Iglesia, en su peregrinación terrena, experimenta «continuamente» la eficacia de la acción de la «Madre en el orden de la gracia»

MARÍA MARTHA SERRA LIMA

Apareció cuando el bolero, con un siglo y medio de historia, estaba en retirada. La hija menor de cuatro hermanos varones creció en una familia acomodada y de clase alta de la zona norte. Su padre era un exitoso empresario aficionado al canto que la hacía cantar frente a sus amigos. Tuvo que esperar a que su padre muriera y divorciarse de su primer esposo para tener la libertad de dedicarse a la música romántica, su primera y única maestra. "Tenía todas las contras para ser artista. Era mujer, gorda, grande, porque me lancé tarde, a los 33 años, y bolerista. ¡No existía un caso así! Encima me decían: «las mujeres no venden discos», «las mujeres te van a odiar porque sos gorda», pero fue todo al revés", confesó la artista en una de sus tantas apariciones públicas.

Esa voz magnética y grave, ese fraseo largo que se abrazaba a esas historias de amor y desengaño, la eternizaron desde que apareció por primera vez en un escenario. Debutó oficialmente en la discoteca Afrika, de moda en la década del setenta, ubicada en el hotel Alvear. A partir de ahí se transformó en una figura ineludible del ambiente musical. "Nunca busqué el éxito -comentó en una ocasión-, pero el éxito siempre me acompañó, a todos lados". Trabajó en Michelangelo durante cinco años y su carrera fue en ascenso. En 1980, impulsada por Mochín Marafiotti, director de CBS, grabó el tema "ENTRE NOSOTROS" y logró que la voz de María Martha Serra Lima entrara en todas las casas.
El otro mojón artístico de su historia lo constituyó su sociedad artística con el TRÍO LOS PANCHOS, integrado por Chucho Navarro, Alfredo Gil y Basurto Lara, que duró 17 años. El disco ESENCIA ROMÁNTICA (1983), que tuvo sus volúmenes 2 y 3, reavivó la llama del bolero en toda América latina gracias a un repertorio inoxidable que incluía "ALGO CONTIGO", que se convirtió en un clásico de Chico Novarro; "LOS ENAMORADOS", otro himno dentro de su carrera, y "VOY A PERDER LA CABEZA POR TU AMOR". Las bases tradicionales del bolero, el punteo del requinto, las voces en contrapunto y la voz de Serra Lima flotando sobre esas melodías ambientadas en la época dorada de los cuarenta y cincuenta, lo convirtieron en un álbum clásico en toda América latina, que llegó a vender cinco millones de unidades.

El reinado artístico de María Martha Serra Lima fue durante la década del ochenta, donde llegó a grabar un disco por año y hacer participaciones especiales en películas de Olmedo y Porcel. En los noventa empezó a residir en Miami y a partir de allí su carrera tuvo vaivenes, aunque siempre se mantuvo vigente. La leyenda de su voz siguió llamando la atención de las generaciones más jóvenes cuando se produjo la vuelta del bolero a fines de los noventa, a partir del exitoso disco Romance (1997), de Luis Miguel. Sus versiones se retroalimentaron junto a otros intérpretes del género como Olga Guillot y creadores como Armando Manzanero, con el que también compartió giras internacionales. En los últimos años, María Martha también alimentó la leyenda de sus canciones contando sus propios romances. Contó que tuvo un amorío con Sandro y que llegó a tener 22 novios antes de su primer matrimonio, pero que se casó virgen. "Es que el sexo no me interesa tanto, soy una mujer apasionada, es cierto. Pero apasionada del amor". Sensual sobre el escenario, dijo que le gustaba lanzarles miradas a los hombres del público para crear su propia fantasía mientras cantaba un bolero y la historia tuviera más verdad. Sin embargo, la mujer que decía haber tenido éxito en la música fracasó en el amor varias veces. Enviudó de su primer marido y se separó del segundo. Con su última pareja, Horacio Perez Ugidos, que se volvió su manager, estuvieron juntos más de treinta años pero viviendo en casas separadas: "¿Vos sabes lo que es compartir la vida con alguien que desafina así? Muchas veces, cuando termina el show y nos volvemos en el auto pone un CD mío-porque le encanta mi música, no lo puede evitar-y se pone a cantar encima. ¡Una tortura!".

Cada aparición de Serra Lima en los medios levantó polvareda. Fue muy criticada por sus declaraciones públicas en contra de las parejas homosexuales y su postura a favor de la pena de muerte. Distintas dolencias físicas la mantuvieron, por momentos, alejada de los escenarios, más allá de apariciones públicas en programas de televisión. Aunque solía reaparecer en conciertos en hoteles de lujo y teatros de todo el país. Su hija la acompañó durante su última internación en Miami, tras padecer varios problemas de salud en el último tiempo. Sin embargo, María Martha ya se había convertido en leyenda de la canción romántica por una trayectoria trazada en más de cuarenta álbumes editados, haber conseguido 15 discos de Oro y 35 de Platino y haber cantado en el MADISON SQUARE GARDEN de Nueva York. María Martha Serra Lima, falleció el 2 de noviembre de 2017 tras una lucha con un cáncer de páncreas a la edad de 72 años. Recientemente había sido sometida a dos intervenciones quirúrgicas pues tenía dificultades para caminar. La voz de María Martha Serra Lima se eternizó en esas historias de amor y desengaños. Dijo muchas veces que no estaba arrepentida de todo lo que vivió en su vida personal y cómo lo vivió. Como cantaba en "A MI MANERA", uno de sus temas-himnos infaltable de sus conciertos. "Me pueden decir o criticar, si yo aprendí a renunciar, si hay que morir y hay que pasar, nada dejé sin entregar... porque viví, siempre viví... a mi manera"

miércoles, 1 de noviembre de 2017

LA REVOLUCIÓN DE OCTUBRE

Durante el verano de 1917, la confianza en que “la Gran Revolución Rusa” uniría a los ciudadanos había dado paso a la división. Bajo ataques desde la derecha y la izquierda, los Gobiernos de Lvov y Kerensky se enfrentaron al desplome de las ilusiones sobre la capacidad del pueblo para fortalecer su concepto de democracia y ciudadanía Cuando se comprobó que las masas no lo apoyaban, esos Gobiernos recurrieron cada vez más a la fuerza del Estado como única forma de persuasión. Las diferencias se hicieron irreconciliables. El lenguaje de clases, de revolución social y no sólo de reforma política se impuso a los otros lenguajes (liberal, democrático, constitucionalista) que compitieron en ese escenario de crisis de autoridad. Lo que había comenzado en febrero con un motín en la guarnición militar de Petrogrado, se había convertido tan solo ocho meses después en una violenta y radical revolución social, extendida al campo, a las fábricas, al frente y a los pueblos no rusos del imperio. A esa rebelión le faltaba que alguien supiera llenar el vacío de poder que estaban dejando el fracaso y la soledad del Gobierno de Kerensky tras el golpe frustrado del General Kornilov. El camino estaba despejado para un partido revolucionario y contrario a la guerra. Y ahí aparecieron los bolcheviques. Y Lenin.

La Revolución de octubre de 1917 fue uno de los principales acontecimientos del siglo XX y los historiadores han mostrado en torno a él diferentes interpretaciones. Las investigaciones más recientes superan las clásicas disputas entre la propaganda soviética y la antimarxista y subrayan la importancia del eslogan “Todo el poder para los sóviets” y de cómo el apoyo popular a esas instituciones surgidas desde abajo allanó el camino a la conquista del poder por los bolcheviques. El Gobierno provisional careció de legitimidad desde el principio. Desde el verano, estuvo atrapado por una serie de crisis en cadena: en el frente, en el campo, en las industrias y en la periferia no rusa. Pocos Gobiernos podrían haber hecho frente a todo eso, y menos sin un ejército en el que confiar. El apoyo de trabajadores, soldados y campesinos a los sóviets, la institución dedicada a promover la revolución social, se combinó con la decisión fatal de los Gobiernos provisionales de continuar la guerra. Y el fiasco del golpe de Kornilov en agosto de 1917 ya había mostrado que la derecha estaba todavía desorganizada y la contrarrevolución no tenía en ese momento posibilidades de vencer.

Los dirigentes del sóviet mostraban su incapacidad para solucionar los problemas, los bolcheviques se convirtieron en la alternativa política para los desilusionados y para quienes buscaban un nuevo liderazgo. Como no tenían responsabilidad política, recogieron los frutos de la división y declive de los otros dos partidos socialistas, los mencheviques y los social revolucionarios. Su rechazo al Gobierno provisional les dio, a los bolcheviques en general y a Lenin en particular, lo que el menchevique Nikolai N. Sukhanov (1882-1949) llamó en sus memorias una posición “comodín”, por la que podían representar y adaptarse a cualquier cosa. Los vientos de cambio que soplaban desde el verano, impulsados por las críticas a las autoridades y las alabanzas a los sóviets, comenzaron a plasmarse desde finales de agosto en poder institucional. Bolcheviques, social revolucionarios de izquierda y mencheviques internacionalistas tomaron el control de los diferentes sóviets de distrito de Petrogrado, de los sindicatos y comités de fábricas, y de comités de soldados y campesinos en algunas provincias. El 25 de septiembre, el sóviet de Petrogrado, el principal bastión de poder desde la revolución de febrero, eligió una nueva dirección de izquierda radical, y León Trotski, que había salido de la cárcel el 4 de septiembre y que acababa de ingresar en el partido bolchevique, se convirtió en su presidente, sustituyendo al menchevique Chjeidze. Al mismo tiempo, los bolcheviques asumieron el control del sóviet de Delegados Obreros de Moscú.

Con tantos poderes en sus manos, podían reivindicar que hablaban y actuaban en nombre de la “democracia del sóviet”. Ese control del sóviet de Petrogrado y de otros en las provincias es lo que permitió la Revolución de Octubre, y sin ese proceso de conquista del poder en las semanas anteriores, sería difícil imaginarla. La Revolución de Octubre comenzó como una defensa de la idea del poder de los sóviets, posibilitada por una crisis profunda del Gobierno de Kerensky. Puede ser que “octubre” fuera un “golpe” en la capital, señala Allan K. Wildman, “pero en el frente fue una revolución”. Los soldados no sólo no quisieron echar abajo a ese incipiente poder bolchevique, sino que frustraron los esfuerzos desesperados de Kerensky y del anterior “defensista” comité ejecutivo del sóviet de Petrogrado “para trastocar la victoria bolchevique, trasladando tropas desde el frente”. La participación de marinos de la flota del Báltico, que ya habían tenido una influencia notable en 1905 y en febrero y julio de 1917, fue también muy visible en octubre. El golpe de Kornilov había destruido allí la escasa autoridad que les quedaba a los oficiales.

La apuesta bolchevique había logrado su objetivo primordial, sin apenas resistencia. Petrogrado parecía seguro, pero, pese a su importancia como centro de poder político y de comunicaciones, era sólo una ciudad. Había que comprobar qué pasaría más allá de la capital, en el frente, en las otras ciudades y provincias y en la periferia del vasto imperio ruso. Y ver cómo responderían los trabajadores y los campesinos al nuevo poder; y todos los otros socialistas de izquierda que habían quedado fuera del Gobierno bolchevique. A comienzos de noviembre, los bolcheviques tenían el control de las principales ciudades de la región industrial del centro, norte y este de Moscú, en los Urales, en las partes más cercanas del frente y entre los marinos de la flota del Báltico. Derrotados sus adversarios militares por el momento, asegurados los principales centros de poder, Lenin y los bolcheviques pudieron dedicarse a temas apremiantes: conseguir la paz, atender a las reformas radicales que había reclamado desde abajo el movimiento de los sóviets y reorganizar el poder, presionados por los social revolucionarios, para que ampliaran su Gobierno y convocaran la Asamblea Constituyente, algo que los anteriores Gobiernos provisionales habían aplazado una y otra vez hasta que finalizara la guerra.